Mucho respeto para que todo se decida en Almería

Hoy era uno de esos días en los que a la gente le cuesta conciliar el sueño, la ciudad se colapsa y todo se detiene por el partido de fútbol. Eso ha ocurrido en la capital de la Costa del Sol. El Málaga recibía al Almería en la ida de la final del ‘playoff’ de ascenso a primera. El primero de los dos partidos por ver quién acompañará a Racing y Deportivo a la máxima categoría del fútbol español. La afición malaguista no faltó a la cita y respondió como se esperaba. Tras un recibimiento histórico al autobús del equipo a la llegada del estadio con botes de humo, trozos de papel y miles de banderas y bufandas en movimiento, La Rosaleda esperaba 30.000 personas dispuestas a dejarse la garganta para que aquello pareciese un infierno para los almerienses, que contaban con más de 300 valientes en la sección visitante del estadio. El colegiado hizo sonar su silbato y el Almería no se achicó. Los de Rubi salieron mejor y estuvieron más cómodos en los primeros minutos. Tan cómodos que pegaron el primer susto en el minuto 8 cuando Puigmal aprovechó un rebote de la defensa del Málaga y casi remata desde el área pequeña, pero Diego Murillo llegó al corte de manera providencial. A partir de ahí el partido se calmó y no se produjeron casi ocasiones. Se notaba el respeto entre los dos equipos. Demasiado quizá. Pero algo normal en una cita como la de hoy por lo que está en juego. Había mucho miedo a cometer un error. Adrián Niño empezó a encontrarse y tuvo dos ocasiones dentro del área que Andrés Fernández desbarató. Dioni Lopy quiso responder entre medias de esas acciones, pero su disparo se marchó muy cerca de la portería malagueña. Niño incluso reclamó un penalti tras un duelo con Kaiky que no fue más allá. La segunda parte apenas modificó el guión. El Málaga intentó dar un paso adelante empujado por su gente, mientras el Almería seguía transmitiendo la sensación de sentirse cómodo en una eliminatoria larga. Las ocasiones seguían sin aparecer y el partido avanzaba entre interrupciones y muchas disputas en el centro del campo. La mejor oportunidad de la noche llegó superada la hora de juego y fue para los visitantes. Centelles puso un centro medido al segundo palo y Melero apareció completamente solo para rematar. Con todo a favor, su cabezazo se marchó fuera cuando el gol parecía inevitable. El banquillo rojiblanco no se lo podía creer. Habían dejado escapar la ocasión más clara de toda la final. La respuesta local llegó poco después. Dioni logró encontrar espacio dentro del área y obligó a Fernando a intervenir con una parada de mérito. Fue una de las pocas veces en las que el Málaga consiguió inquietar de verdad a una defensa almeriense muy sólida durante todo el encuentro. Con el paso de los minutos los dos equipos parecieron asumir que la eliminatoria no se iba a resolver en La Rosaleda. El empate se fue asentando como resultado lógico en una noche de máxima tensión, mucho respeto y escaso riesgo. El 0-0, el clásico resultado gafas, acabó reflejando mejor que nada lo visto sobre el césped. Nadie golpeó primero. El ascenso queda completamente abierto y será el antiguo Estadio de los Juegos Mediterráneos el que dicte sentencia dentro de una semana. Allí ya no habrá margen para la especulación. Allí se decidirá quién regresa a Primera División.

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Author: Pablo Perez