Probar la nada

¿Y si hubiera perdido? Recuerda Breitner que marcó el gol del empate a uno ante Holanda en la final del Mundial del 74 que organizaba Alemania, luego Müller hizo el 2-1 definitivo, pasearon la Copa por el Olímpico de Múnich y se fueron a dormir. A eso de las 4 de la madrugada se desveló, encendió la tele, se vio a sí mismo golpeando el balón desde el punto de penalti y, de repente, un sudor frío le recorrió todo el cuerpo: «¿Y si hubiera fallado?» A mí me ha pasado lo mismo con Florentino durante todo este psicodélico proceso electoral: «¿Y si hubiera perdido?» Pues, de haber perdido, la nada más absoluta. Una nada joven, eso sí, una nueva nada pero, al fin y al cabo, nada, vacuidad completa. Ese 35% de votos representa el fracaso de un sector del madridismo que tarde o temprano siempre se revuelve contra sus hijos más destacados, ya le pasó al mismísimo Bernabéu. Aquí no hay oposición que valga ni Congreso y nadie ocupará escaño alguno. Si la pelotita entra Riquelme acabará diluyéndose porque, como decía Andreotti, no desgasta tener el poder sino no tenerlo. Pero una cosa es que el fútbol carezca de memoria y otra bien distinta que, entre el cerebro de la mayor transformación del club y una candidatura evanescente comandada por un director deportivo invisible, casi doce mil socios hayan preferido probar la nada. Capítulo aparte merece sin lugar a dudas el papel que ha jugado el equipo de opinión sincronizada durante toda la campaña: ¡Qué vergüenza! Me recordó mucho a la escena final de ‘El rey del juego’: el joven Steve Mc Queen (‘The Cincinnati Kid’) tiene full house de ases sobre dieces, una mano imbatible. El viejo Lancey Howard (Edward G. Robinson) está, al fin, acorralado. Va a caer. Es muy mayor. Está gagá. Norman Jewison nos enseña el odio de Melba (Ann-Margret) o de Shooter (Karl Malden) con sus primeros planos: «¡Está perdido!» Pero, en el último momento, Howard saca una escalera de color de reina de diamantes: «Eres bueno, chico, pero yo soy mejor».

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Author: Pablo Perez