
Tras años de múltiples investigaciones sobre el llamado Síndrome de La Habana, una respuesta definitiva sigue siendo aún más esquiva después de que la directora de Inteligencia Nacional saliente, Tulsi Gabbard, retirara dos evaluaciones de inteligencia que concluían que ninguna potencia extranjera estaba detrás del mismo.?
Por Nora Gámez Torres | El Nuevo Herald
En un memo enviado al Congreso antes de dejar el cargo la semana pasada, Gabbard dijo que las evaluaciones limitaron deliberadamente la recolección de inteligencia, no incluyeron información relevante y excluyeron selectivamente pruebas que contradecían sus conclusiones. Los investigadores también describieron incorrectamente a las fuentes “para eliminar análisis alternativos” y omitieron información necesaria para entender la fiabilidad y calidad de esas fuentes, según el memo.
Gabbard dijo que la retirada era necesaria debido a preocupaciones sobre el “sesgo analítico que afecta negativamente la objetividad y solidez de los juicios analíticos”.
La retractación llega después de que la cobertura mediática vinculó algunos de los incidentes con agentes de la inteligencia militar rusa y reveló que el gobierno de EEUU había comprado un dispositivo que podría estar relacionado con el Síndrome de La Habana.
La decisión supone un momento de vindicación para las víctimas del Síndrome de La Habana, o los llamados incidentes de salud anómalos, quienes inicialmente fueron desacreditadas y se les negó atención médica, y que habían presionado a las administraciones de Biden y Trump para que investigaran los hechos.
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