
En estos tiempos de incertidumbres y de titubeos para todos los venezolanos, después del tres de enero de este año 2026 y una vez extraídos del país el presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, muchos o casi todos pensamos que esto significaba el final de 27 años del “gobierno socialista”. Sobre todo, pensamos que en un tiempo relativamente corto iríamos a elecciones y que los venezolanos en votaciones democráticas, de manera libérrima, escogeremos al nuevo presidente y posteriormente todo lo que tuviera que ver con las gobernaciones, alcaldías, diputados a la Asamblea Nacional y Consejos Legislativos… No obstante, tal cosa no ocurrió ni se percibe que pueda ocurrir en un tiempo menor a un año para los más optimistas y hay quienes hablan hasta de dos años para que ese acto electoral se lleve a cabo.
De todas maneras, considero que las fuerzas opositoras, su liderazgo político, deben seguir insistiendo en que esas elecciones se efectúen ya que hasta tienen un soporte, un basamento, constitucional que ampara ese deseo de la mayoría de nuestros compatriotas. De cualquier forma, siempre, constantemente, debemos echar mano del sentido de la oportunidad. De la habilidad de reconocer y actuar en el momento preciso y más favorable para lograr el objetivo aprovechando circunstancias o coyunturas adecuadas para obtener el éxito. No implica, exclusivamente, que por el hecho de tener la razón hay que actuar rápido, sin pensar, sino poseer el acierto necesario para tomar decisiones acertadas a tiempo, sabiendo incluso cuándo es mejor abstenerse y dejar correr el tiempo sin caer, naturalmente, en estado catatónico o cruzarse de brazo, pues nada que ver, no hay que irse a los extremos…
De todos modos, escarbando sobre el factor tiempo y el sentido de la oportunidad, ambos términos desde los comienzos en que se profundiza en su estudio son considerados elementos muy valiosos de la existencia humana. No es simplemente una medida mecánica que dicen los relojes; es el tejido mismo de nuestra vida. Reflexionar sobre su importancia y su uso debido nos lleva a entender que gestionar el tiempo no es una habilidad técnica, sino un acto de profunda sabiduría ética. Viene a mi memoria la frase de Andrés Eloy Blanco que apurando el paso y forzando un poco encuadra dentro de las cosas complejas del tiempo, pienso que cabe: “Venid compadre que las horas pasan, pero aprendamos a pasar con ellas”. A lo largo de la historia diferentes corrientes nos han dejado lecciones invaluables sobre cómo asumir el paso de las horas; y la pregunta de rigor frente a cualquiera solicitud: ¿para cuándo? ¿cómo y dónde?
De cualquier manera, debemos evitar que las personas se fastidien de hacer siempre lo mismo. La monotonía es el camino más rápido hacia el aburrimiento, tanto para uno mismo como para los demás. Romper la rutina y buscar la variedad es clave para mantener el interés y la chispa en cualquier ámbito, ya sea en la escritura, en la conversación o en el día a día. Cambiar el enfoque, introducir un giro inesperado o abordar un tema común desde una perspectiva totalmente nueva. Explorar nuevos terrenos y salir de la zona de confort evita que repitamos siempre las mismas fórmulas y clichés.
En concordancia, decía semanas atrás que es importante razonar, en estas fechas de tantas diatribas borrosas, que solo la democracia, solo ella, nos permite a los ciudadanos participar en el proceso político y nos garantiza que todos tengamos igualdad de oportunidades y seamos tratados con dignidad. Entonces, los que ejercemos el oficio de columnista nos encontramos con el dilema de qué hacer, cómo escribir, de qué habilidad echar manos para decir lo que pensamos sin que esto nos acarree castigos severos. De manera que lo más importante no es simplemente callar, sino que esa pausa sea una pausa calculada y deliberada con un propósito específico. Hoy día los elementos que tienen que ver con el comportamiento del ser humano en estos tiempos borrascosos, eso sí, mirándolo con los lentes después del tres de enero recién pasado, hace el ámbito político mucho más enredado para interpretarlo moderadamente cercano a la realidad. Hay que entrelazar las palabras del presidente Trump con lo que escupe Mario Silva; Marco Rubio y María Elvira Salazar; la muerte del Niño Guerrero se produce no sólo como consecuencia de que los militares norteamericanos iban acompañados de militares venezolanos, sino que el conflicto, la diatriba, se crea por el hecho de que los militares venezolanos han debido ser acompañados por los militares del presidente Trump y no a la inversa, y así sucesivamente hasta el infinito…
