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Hay una revuelta en los reductos del régimen venezolano, y no estoy hablando de las peroratas que pronuncian algunos seudocomunicadores despechados, sino de un movimiento que se gesta en el lodazal de la izquierda.
Allí, en lo más oscuro de las entrañas de la vieja izquierda venezolana, se está fraguando una corriente que pretende hacerle frente al Rodrigato.
Es el avance de una reacción impulsada por la antigua estructura de poder rojo en el país.
Ese proyecto de rebelión interna está siendo motorizado —en su faceta más visible— por los mismos que fueron desplazados por Nicolás Maduro y Delcy Rodríguez y enviados al ostracismo político dentro del régimen venezolano.
Pretenden levantar las banderas de eso que llaman el “socialismo del siglo XXI” y construir una resistencia interna contra los hermanos Rodríguez, a quienes acusan de haber traicionado los supuestos ideales del socialismo. Y uno se pregunta ¿de qué ideales hablan?
Imagino que se refieren a la política del robo y del pillaje, pues la mayoría de ellos no son más que integrantes de una estructura que llevó a Venezuela a la ruina.
Sin embargo, esa es una realidad que debemos tomar en cuenta. Esa izquierda desplazada dentro del régimen venezolano pretende revivir una política fracasada e impedir el colapso definitivo del sistema que ayudaron a construir.
Se oponen a Delcy Rodríguez porque están convencidos de que ella no hace otra cosa que ejecutar órdenes provenientes de Washington, orientadas a desmontar las estructuras criminales que se enquistaron en el poder y a destruir desde adentro al PSUV.
Los compinches de este proyecto -viejos cuadros desplazados por el dúo Maduro-Delcy y apartados de los espacios de poder de la mafia roja que destruyó a Venezuela- se encuentran maniobrando en silencio.
No buscan un cambio de gobierno ni de sistema. Lo que persiguen es recuperar el control del poder para preservar el mismo esquema de corrupción, destrucción nacional y perversión institucional que ha caracterizado al modelo desde 1999.
Pero no se trata únicamente de ese pequeño grupo que deambula como una especie de ánimas solas por los pasillos cada vez más vacíos del PSUV. Detrás de ellos existen otros factores que aún no se atreven a dar la cara, pero que conspiran abiertamente contra Delcy y Jorge Rodríguez.
En esa lista podrían aparecer nombres como Elías Jaua, Freddy Bernal, Iris Varela y otros personajes que observan con preocupación lo que está ocurriendo con la detención de Alex Saab, la eliminación del “Niño” Guerrero y las posibles consecuencias que podrían enfrentar si el proceso continúa avanzando.
Como puede verse, cada día resulta más evidente que Delcy Rodríguez no tiene el control de la situación y que ni siquiera es capaz de mantener la cohesión dentro del régimen.
Por eso no garantiza la estabilidad que requiere el momento histórico que vive la nación.
En consecuencia, es indispensable acelerar una verdadera transición, remover a los hermanos Rodríguez e iniciar un proceso de cambio real con María Corina Machado al frente del país, liderando los mecanismos de renovación, transformación y reconstrucción política que Venezuela reclama.
Ella —María Corina Machado— sí representa una garantía de orden, estabilidad y paz. Delcy Rodríguez, por el contrario, sólo está estimulando una reacción entre sectores socialistas que la rechazan dentro del propio régimen.
Así de sencillo.
Sin más que agregar, nos leemos la próxima semana.
