Sinner sobrevive a un drama: una caída muy fea, un dedo ensangrentado y un duro Kecmanovic

Es traicionera la hierba. Cuesta adaptarse. Incluso para los mejores es compleja esta transición del rojo al verde. Incluso para un campeón como Jannik Sinner, que se le ha complicado más de la cuenta este primer partido de Wimbledon. Tres horas y media de pelea ante un Miomir Kecmanovic respondón, que le ha hecho sudar hasta sangre hasta los cinco sets. Se estrena la pista central con el campeón actual, un Sinner que no había pisado una pista desde aquella fatídica segunda ronda de Roland Garros en la que se vio atrapado por el calor y un Juan Manuel Cerúndolo que lo dejó fuera del Grand Slam cuando estaba a cuatro puntos de ganar. Ha pasado el italiano por pruebas médicas para intentar hallar la causa de ese malestar casi crónico que sufre más que nadie cuando suben las temperaturas. Y llegaba a Londres fresco y con ganas de revancha tras perderse una gran oportunidad de sumar un quinto título grande. Pero la hierba siempre esconde sorpresas. Son las 15.00 horas y Wimbledon se lleva las manos a la cabeza: el campeón Sinner pierde el primer set con una sensación de sufrimiento que da escalofríos. Porque Kecmanovic es un toro físico que sacude y sacuda sin contemplaciones ni miramientos. Y Sinner padece ante su potencia, las diabluras del césped y su propia falta de rodaje en verde. Sucumbe varias veces en los intentos por llegar a pelotas cortas, resbala más de una vez y una de ellas, ya en el tercer set que se alarga hasta el ‘tie break’ hace que salten las alarmas, pues se le dobla la rodilla y se lleva la mano a la cadera. Se queda en el suelo y se teme lo peor. De hecho, un rato antes Maja Chwalinska, finalista de Roland Garros, estaba a un juego para ganar y en otra caída fortuita se lesionó y tuvo que abandonar el encuentro. Solo dos campeones cedieron en el debut de la siguiente edición: Manolo Santana (1967) y Lleyton Hewitt (2003). No es Sinner, que se levanta y continúa, pero es un padecimiento tras otro que intenta el italiano solventar por tenis, más que por capacidad física y soltura a estas alturas de torneo. El serbio, a lo suyo, intenta aprovechar el momento, que ya todos saben que pueden tener una oportunidad ante el número 1 como pasó en París. Y es Kecmanovic un jugador rocoso y peligroso que sacude de lado a lado para evitar que Sinner tome el mando. Celebra como un triunfo ese tercer set que el italiano termina todavía tocado en lo anímico por esa caída feísima y con un dedo ensangrentado que le tiñe la zapatilla. Un drama. Y una obligación de remontar y ganar el cuarto y quinto set, excelsa para el de San Cándido, al que no se le da muy bien agotar los cinco capítulos, pues hasta este, eran ocho derrotas en nueve intentos. Pero aquí está Sinner, el número 1, el que se olvida de tratamientos médicos para no perturbar el encuentro y empieza a centrarse solo en su tenis, y en esa memoria del cuerpo y de la mente que lo llevan a la edición de 2025 donde fue tan superior a todos, también a Carlos Alcaraz en la final. Ya no le queda más resistencia a Kecmanovic, 26 años y número 50, y se inclina con resignación ante la subida del nivel de Sinner, que ya no tiembla ni se resbala y suma 31 saques directos y los dos siguientes sets de forma impecable e intratable. Como el Sinner que se recuerda en la Catedral, que ha aprendido a sufrir ya desde el primer día de torneo.

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Author: Pablo Perez