
Donald Trump volvió de la cumbre de la OTAN en el Air Force One con un anuncio inesperado y que, a la vez, desautorizaba el bloqueo a María Corina Machado que había iniciado parte de su propia Administración. El presidente fue preguntado por los periodistas que le acompañaban sobre los dos intentos frustrados de entrada en Venezuela de la líder política, algo que había generado gran tensión en la Casa Blanca, el Departamento de Estado, el Capitolio y el exilio venezolano en Florida.
Por: ABC
Trump fue breve, pero no ambiguo. «¿Ha vuelto o no ha vuelto?», preguntó, como si le sorprendiera la noticia o como si quisiera marcar distancia con las gestiones previas de su propio Gobierno. Después añadió que no se oponía a nada y que Machado es admiradora suya, una fórmula que, en el lenguaje del trumpismo, equivale a uno de los mayores avales políticos que puede conceder el presidente.
En apariencia, era una frase más en una conversación de madrugada a bordo del avión presidencial. En realidad, una declaración con consecuencias dentro de una Administración dividida por el futuro inmediato de Venezuela tras la caída de Nicolás Maduro, la consolidación provisional de Delcy Rodríguez en Caracas y el terremoto que ha dejado miles de muertos y ha dado a Washington un papel central en la reconstrucción. La guerra interna en Washington sobre Venezuela, sin embargo, dista mucho de haber acabado.
El comentario de Trump sorprende porque llega después de que su propio Gobierno haya frenado, bloqueado o desaconsejado en dos ocasiones el regreso de Machado a Venezuela. La primera tentativa se produjo a través de Curazao. La segunda, por Panamá. En ambos casos, la dirigente opositora, ganadora moral y política de las elecciones que el chavismo impidió que disputara directamente y que acabó representando Edmundo González Urrutia, intentó volver para acompañar a los venezolanos tras los seísmos del 24 de junio. En ambos casos, la operación quedó abortada.
Dos visiones sobre Venezuela
La Casa Blanca no ha querido presentar abiertamente esos episodios como un veto político. En Washington se habla más bien de prudencia, de seguridad, de evitar una crisis en medio de una emergencia humanitaria y de no añadir presión a un país devastado. Pero el resultado práctico fue el mismo: que Machado no entró en Venezuela. Y ahora Trump, en público, deja constancia de que no se opone a su regreso.
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