El cielo se tiñó de rojo y el puerto se llenó de ataúdes

Justo cuando se cumplió una semana de los dos terremotos que sacudieron Venezuela, el cielo se puso colorado, como si alguien le hubiese prendido fuego. Una nube de polvo rojo con aspecto de mortaja cubrió las nubes de un país que se desangra. Qué más queda por ocurrir, se preguntaron los ciudadanos, exhaustos ya, tras jornadas de réplicas. Ha transcurrido una semana, siete días en total, y aún no existe en Venezuela una cifra oficial de fallecidos. El gobierno habla de dos mil. La ONU, en cambio, prepara un envío de 10.000 bolsas para cadáveres. La única verdad, además de la muerte y total devastación, es el abandono en el que viven los venezolanos desde hace décadas. Antes de esta… Ver Más

Clique aqui para ver articulo original

Author: Pablo Perez