
?En el marco del Día Mundial del Cóndor, el estado Mérida celebra una fecha que trasciende lo simbólico para convertirse en un hito de esperanza ecológica.
Por: Jesús Quintero | Corresponsalía LaPatilla.com
Durante décadas, la presencia del cóndor (vultur gryphus) en los andes venezolanos fue considerada apenas un recuerdo o un avistamiento esporádico, pero la realidad actual demuestra que la especie está protagonizando una recuperación histórica en las cumbres de la cordillera.
El ejemplo más conmovedor de este esfuerzo de conservación es el nacimiento de Tabymara el pasado 22 de diciembre de 2025 en el estado Mérida, bajo el cuidado profesional de un grupo de especialistas del Centro de Conservación Ex Situ y Zoocriadero Mundo Safari, y cuya llegada al mundo representa un eslabón fundamental para la preservación de la especie en el país.
El médico veterinario Adrián Carrero, responsable de este programa y director del recinto, ha señalado que “Tabymara, nombre de la pequeña cóndor nacida el pasado 22 de diciembre de 2025, rinde homenaje a la biodiversidad andina, protectora de las montañas y a la unión de los esfuerzos locales, se ha convertido en un estandarte de resiliencia y en la prueba fehaciente de que los programas de cría en cautiverio están dando sus frutos”.
Este nacimiento, junto a la emocionante confirmación de avistamientos de ejemplares en libertad en el Parque Nacional Sierra de la Culata tras casi medio siglo de ausencia, ha renovado el optimismo de conservacionistas y habitantes locales sobre la especie en las montañas de la cordillera.
Para los investigadores, el cóndor es, sin lugar a dudas, el ave voladora más grande del mundo, no es solo un ícono de la geografía. Además, es un guardián esencial de los páramos que, al alimentarse de carroña, previene la propagación de enfermedades y acelera el ciclo de nutrientes en los ecosistemas de altura.
A pesar de los avances, el camino sigue siendo desafiante, pues la especie aún enfrenta amenazas, como el envenenamiento por cebos tóxicos, la pérdida de hábitat y la caza indiscriminada.
Por ello, la celebración de este 7 de julio no es solo un motivo de júbilo por el éxito del crecimiento saludable de Tabymara, ejemplar de cóndor andino hija de Nareupa y Pishirapu, sino es un recordatorio urgente de la responsabilidad que tienen los merideños y el resto de los venezolanos en proteger a este gigante.
Mientras el cóndor vuelve a planear sobre los frailejones y los picos nevados, para los investigadores, cuidadores y precursores del programa de conservación la meta sigue clara: garantizar que el “Rey de los Andes” deje de ser una leyenda en las montañas para consolidarse, una vez más, como un residente permanente de los cielos andinos.
