
Un video que recorre las calles de Catia La Mar en plena noche confirma lo que sus habitantes vienen repitiendo desde hace casi tres semanas: pasadas las 10 p.m., el pueblo se apaga. Las imágenes muestran avenidas prácticamente desiertas, fachadas a oscuras y edificaciones aún marcadas por el terremoto, sin apenas un alma que rompa el silencio de la noche.
Por lapatilla.com
Ese silencio no es casualidad. Desde el doble sismo de magnitudes 7,2 y 7,5 que sacudió la costa venezolana la noche del 24 de junio, Catia La Mar —una de las localidades más golpeadas del estado La Guaira— vive un contraste marcado entre el día y la noche. Durante las horas de luz, la comunidad se concentra en la reconstrucción: remoción de escombros, entrega de donativos, intentos de retomar cierta normalidad. Pero cuando cae la noche, ese movimiento se detiene casi por completo.
El recorrido registrado muestra tramos completos sin alumbrado público, calles vacías donde antes había comercios y vida nocturna, y edificaciones que permanecen tal como quedaron tras el sismo. No hace falta narración: la propia imagen de esas calles desoladas transmite el peso de lo que la comunidad ha llamado “total silencio”.
Ese silencio convive con el luto. El estado La Guaira contabilizó cientos de fallecidos y miles de damnificados tras los terremotos, y muchas familias en Catia La Mar todavía procesan pérdidas o esperan poder regresar a viviendas que siguen sin ser inspeccionadas por especialistas. Para ellos, la noche no trae descanso: trae la certeza silenciosa de todo lo que falta por reconstruir.
Catia La Mar, conocida por su actividad turística, comercial y portuaria, hoy sostiene dos rostros: el de la resiliencia diurna y el de una noche que, después de las 10 p.m., se queda casi vacía, envuelta en la tristeza de quienes aún no logran volver a la vida que tenían antes del 24 de junio.
