En la resaca de la victoria histórica contra Francia en la semifinal de Dallas , miles de españoles amanecieron este miércoles con la sonrisa puesta y con pensamientos encontrados: ¿me puedo gastar 10.000 euros en ver a España en la final del Mundial en Nueva York? ¿Cómo se lo explico a mi pareja? ¿a cuántas vacaciones estoy renunciando? ¿a cuál de mis hijos no llevo? ¿soy imbécil por gastarme ese dinero? ¿soy imbécil por no hacerlo? Esos 10.000 euros apuntan al precio más bajo con el que vivir la final del domingo, si no eres familiar de Marc Cucurella , de algún pez gordo de la Federación o amigo de un patrocinador. Es similar a los paquetes que ofrecen algunas compañías de viajes: 8.900 el de Halcón Viajes y 12.800 el de Athlos. Eso sí, son viajes en los que no se hace noche en Nueva York: se llega en avión al mediodía, se va al partido y se coge un avión esa misma noche, para regresar a España el lunes por la mañana. Es decir, se quedaría fuera buena parte de la experiencia de asistir a una final: por ejemplo, el ambiente de la noche anterior por las calles de Manhattan, donde se espera que la hinchada se reúna en lugares emblemáticos como Times Square. E incluso los paquetes más baratos no incluyen algunos gastos en los que los aficionados van a incurrir de forma irremediable. Traslados muy caros al estadio -el tren lo subieron de 14 a 98 dólares (85 euros) por el Mundial-, las cervezas a 20 dólares (17 euros), la comida es caras y mala … Además, esos precios ‘baratos’ son para las peores entradas del estadio. El miércoles, el día posterior a la semifinal contra Francia, las entradas más baratas para la final en el estadio de Nueva York/Nueva Jersey estaban a 6.500 euros. Pero se trataba de la última fila, de forma literal, de un estadio con capacidad para algo más de 80.000 espectadores. Donde los jugadores se ven como hormigas y en la solanera de la parte este del estadio, en un partido a las tres de la tarde donde se espera una temperatura de treinta grados. «Por diez mil euros, ni loco», dice Luis desde Madrid, que ha viajado con España a torneos internacionales y que este año se quedó en casa, sobre todo, por los precios desorbitados de este Mundial . «Trataré de mover contactos y, en ese caso, quedarme en casa de algún amigo en Nueva York». «Yo podría llegar a gastarme 6.000-7.000 euros, pero por una entrada decente, no colgado del foco», asegura Álvaro, que trabaja en una entidad financiera en Nueva York. Se pasa el miércoles escaneando todas las plataformas de reventa de entradas. La conclusión: no hay nada barato, los precios se doblan en cuanto bajas de la tribuna más alta y varían mucho en las mismas secciones. Y no puedes saber si estás adquiriendo una butaca rodeado de la hinchada rival. Las entradas decentes, más o menos cerca del terreno de juego, estaban este miércoles a unos 12.000 euros en la reventa. Estos precios pueden fluctuar en función de quién sea el rival de España en la final: los argentinos, pasionales, venderían su casa por una entrada; los ingleses no pelean por un Mundial desde 1966, tienen mucha capacidad adquisitiva y hay una legión de ellos que viven en Nueva York. Para los hoteles, por el momento, hay menos problema. En las inmediaciones de Times Square, bien conectado con toda la ciudad, con los aeropuertos por metro y con los transportes que van al estadio, hay muchas opciones en torno a los 400 euros por noche. Los vuelos no es que sean baratos, pero están dentro de la normalidad para un viaje de última hora: saliendo el sábado y regresando el domingo a última hora, hay opciones de vuelo directo de Iberia a unos 1.400 euros y con otras compañías, haciendo escala, por unos 1.000 euros. Y rezando para que no haya prórroga, porque los aficionados no llegarían al aeropuerto para los últimos vuelos. «Imposible, estamos comprando un piso», dice César, un médico español afincado en Nueva York, sobre su intención de dejarse una fortuna en la final. «Mi límite serían 4.000 euros y ya me parece una burrada. Es algo similar al presupuesto que me dejo en la ópera de Nueva York todos los años: 200 por ópera, veinte veces al año», explica este melómano. Es un dilema especial para los españoles que viven en Nueva York. El Mundial ha venido al país en el que viven, España ha conseguido un billete para la final que es en su casa. ¿Es el momento de hacer una locura?