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Solidaridad y Dignidad Colectiva
En el nombre de Termómetro Económico y en el mío propio, expresamos nuestra más profunda y sincera solidaridad con cada ciudadano y familia que ha sufrido el impacto directo de este doble terremoto en Venezuela. Nos unimos al dolor de quienes perdieron a un ser querido, de los heridos y de los miles de hogares que vieron desaparecer el esfuerzo material de toda una vida.
Más allá de las pérdidas, observamos con profundo orgullo la naturaleza civil de nuestro pueblo. No se trata de una resignación pasiva, sino de una fortaleza arraigada; la sociedad venezolana está sosteniendo el peso de esta tragedia con la dignidad inquebrantable de un pueblo de acero.
El Diagnóstico: Un Sistema Desconectado
El Filtro Histórico de la Vulnerabilidad
El rechazo que genera la gestión oficial no se origina estrictamente por la ocurrencia del desastre natural, el cual es inevitable. La población distingue con claridad que el liderazgo actual no es responsable del movimiento telúrico, pero sí lo es de la total indefensión en la que se encuentra el país.
La crisis actual se procesa a través de la memoria histórica de una sociedad que ha sido conducida de forma sistemática a niveles de depauperación extremos, desprovista de las redes de seguridad y la infraestructura básica que debieron mitigar el impacto. No es un evento aislado. Es la consecuencia de un proceso de desmantelamiento que lleva años.
La Parálisis por Desconfianza y la Ruptura del Flujo Social
En una emergencia, la predictibilidad de las instituciones y la veracidad de la información son los activos más valiosos para coordinar la ayuda y mantener la calma. Cuando esos activos se han agotado previamente, el sistema entra en una fase de entropía y desorden.
Al no existir credibilidad en los voceros oficiales, los mensajes se convierten en ruido ineficiente, los horizontes de planificación de los ciudadanos se reducen al corto plazo de la supervivencia y la falta de respuesta gubernamental alimenta la incertidumbre en lugar de contenerla.
Este no es un problema de logística; es un problema de campo relacional colapsado. La desconfianza no es un sentimiento; es una propiedad física del sistema que impide que la información fluya y que la cooperación se coordine. Cuando una sociedad ya no cree en los canales que deberían protegerla, cada individuo queda aislado —forzado a procesar la crisis en soledad—, y en el aislamiento, la supervivencia se vuelve caótica.
La Emergencia de los Referentes Genuinos
Cuando las estructuras formales pierden su capacidad operativa y moral, la sociedad civil tiende a buscar certidumbre en sus liderazgos naturales y verdaderos. No se trata de caudillismo, sino de termodinámica social: los nodos con mayor densidad de cooperación histórica emergen como centros de gravedad en medio del caos.
Para detener la desintegración del tejido social en medio del desastre, el país requiere con urgencia la presencia de actores legítimos, capaces de restablecer un sentido de dirección, movilizar la cooperación colectiva y canalizar de manera eficiente los esfuerzos de reconstrucción moral y material. Esa es la única vía para restaurar la conductividad del sistema.
Quienes han demostrado consistencia a lo largo del tiempo —organizaciones de la sociedad civil, iglesias, redes de vecinos, líderes comunitarios con trayectoria— se convierten en los verdaderos centros de operación. No porque tengan recursos, sino porque poseen el único activo que no se puede improvisar en una crisis: la credibilidad acumulada.
La Reconstrucción del Campo
La experiencia de esta tragedia confirma lo que la historia ya había advertido: un sistema institucional desconectado de su base social no puede responder a las crisis. La fragilidad que hoy nos expone no es solo física; es estructural.
Por eso, la reconstrucción no puede ser solo de viviendas y carreteras. Debe ser una reconstrucción de la legitimidad. El paso inicial y necesario es la publicación de un cronograma electoral claro y transparente. No como un gesto simbólico, sino como la condición para restablecer la conductividad del sistema social.
Una sociedad que no sabe cuándo podrá decidir su futuro es una sociedad que no puede planificar, que no puede invertir, que no puede confiar. Y sin confianza, cualquier esfuerzo de reconstrucción material será superficial, porque el verdadero andamiaje de la sociedad —la cooperación colectiva— seguirá fracturado.
Posicionamiento ante la Comunidad Internacional
Valoramos y agradecemos profundamente la asistencia técnica y los recursos humanitarios provistos por los distintos países que han respondido de forma inmediata al llamado de emergencia.
Con el debido respeto que reviste la investidura del presidente Donald Trump, es imperativo aclarar que la realidad en el territorio nacional dista mucho de cualquier celebración; los venezolanos no estamos bailando en una pata de felicidad. Estamos resistiendo con entereza un escenario sumamente adverso.
El verdadero camino para superar de raíz la fragilidad institucional y social que hoy nos expone a estas tragedias pasa, de manera perentoria, por la restitución de los mecanismos de gobernanza soberanos. Solo mediante un cronograma electoral claro, verificable y vinculante se podrá iniciar una reconstrucción estructural duradera.
Cierre
Un sistema sin legitimidad no puede distribuir energía ni coordinar esfuerzos. Y un sistema que no coordina esfuerzos colapsa. El terremoto nos ha mostrado la fragilidad de los objetos. Pero lo que realmente colapsó fue el campo de fuerzas que mantenía unida a la nación.
La reconstrucción de una nación no comienza con el cemento. Comienza con la restauración de la confianza. Y la confianza, en una sociedad democrática, se construye sobre un solo vector: la certeza de que el futuro será decidido por su pueblo, en las urnas, sin trampas ni demoras.
Los objetos se rompen. Los campos se reconstruyen desde la cooperación y la autodeterminación del pueblo en el ejercicio pleno de su soberanía. Ese es el camino: legitimidad, transparencia y un cronograma electoral que devuelva a la nación la certeza de que su voz será escuchada.
Conclusión
El terremoto no reveló nada nuevo. Solo confirmó lo que ya sabíamos: que un sistema sin legitimidad no puede sostener a su pueblo. Y que la única reconstrucción posible es la que comienza por la autodeterminación soberana de su gente.
Un profundo y sentido abrazo.