Inglaterra vuelve a las semifinales sin brillo, entre tensiones internas y con cuentas históricas pendientes

«El hincha inglés pasa por cuatro estados durante un Mundial», decía a este periódico con mucha sorna Rob, de Newcastle, que acaba de ver a Inglaterra ganar frente a Noruega su billete a la semifinal . «Primero decimos que no vamos a ver el Mundial, que no nos interesa. Después, cuando empieza el torneo, bueno, sí, vemos los partidos. La tercera fase es cuando avanzamos en alguna eliminatoria, y entonces ya todos nos compramos las camisetas. Y en la cuarta fase, nos echan en semifinales», cerraba entre risas. Inglaterra está ya en esa fase decisiva, la semifinal, de la que no es capaz de pasar en un Mundial desde hace seis décadas, cuando lo ganó en casa, en 1966. Tampoco ha ganado nunca la Eurocopa, el otro gran torneo internacional, pese a llegar a la final en las dos últimas ediciones. En la de 2024, su verdugo fue la España de Luis de la Fuente. Ahora se enfrentará a Argentina, en un duelo cargado de historia y de cuentas pendientes, sobre el que correrán ríos de tinta hasta el partido del miércoles en Atlanta: la roja al argentino Antonio Rattin en los cuartos de final de 1966, que facilitó el triunfo inglés; el duelo en el estadio Azteca de 1986 , el de la ‘mano de Dios’ y la cabalgada galáctica de Maradona, quizá el partido más famoso de la historia del Mundial; la trampa de Diego Simeone a David Beckham, que provocó la expulsión del inglés, en los octavos de 1998; o la redención de Beckham, cuatro años más tarde, en el Mundial de Japón y Corea del Sur, cuando marcó para la victoria en la fase de grupos. Inglaterra llegará al duelo con sensaciones encontradas. Su Mundial ha sido una montaña rusa, de la ilusión a la falta de brillo: un comienzo emocionante y agresivo con el 4-2 a Croacia, el empate gris con Ghana, el susto de dieciseisavos con el Congo, la emoción con México en el Azteca en octavos y, por fin con Noruega, una victoria decisiva, pero que provoca dudas. Al menos las tuvo y no las escondió, todo lo contrario, el máximo responsable del equipo, el seleccionador Thomas Tuchel . «El resultado es fantástico, estamos entre los cuatro últimos, pero nos hemos complicado la vida», dijo el técnico alemán en una entrevista volcánica nada más acabar el partido, en el que Inglaterra sufrió mucho, fue dominada en fases amplias y estuvo cerca de despedirse del Mundial. «Hemos sido fallones, con muchos errores técnicos, sin la suficiente velocidad, sin las suficientes repeticiones… Hoy hemos tenido suerte. Necesitamos mejorar», analizó. Estas declaraciones en caliente abrieron una brecha con la gran estrella inglesa y salvador de los Tres Leones ante Noruega, Jude Bellingham, que le preguntaron por las críticas de su entrenador después de su doblete. «Pues vale, me da igual», respondió el madridista. «Quizá el no sabe lo duro que es jugar en esas condiciones contra gente como Haaland, Odegaard, Nusa o Sorloth», dijo después. «Hemos tratado de crear un ambiente positivo, deberíamos mantenerlo ahora en las rondas finales». En el plano positivo, el gran momento de Bellingham, la capacidad goleadora de Harry Kane y, también, haber acabado con una maldición. El 11 de julio , el día que jugaron contra Noruega, era una fecha negra para el fútbol inglés. Fue un 11 de julio cuando Inglaterra perdió la final de la Eurocopa frente a Italia en 2021. Fue también ese día, de 2018, cuando Croacia, contra pronóstico, les echó en semifinales en el Mundial de Rusia. Y en el tercer 11 de julio en el que Inglaterra había jugado hasta ahora, en el victorioso Mundial de 1966, tampoco les fue bien: empataron contra Uruguay en la fase de grupos. Salvada esa maldición, ahora tienen que hechizar otra mayor: la que no les ha permitido ganar durante seis décadas en el juego que ellos inventaron.

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Author: Pablo Perez