Iván López Caudeiron: tres políticos que deben jubilarse

?

 

Hablo desde la razón que dan las tablas y los años en la trinchera, no desde la barra de un café ni el anonimato de una red social. Como dirigente de Voluntad Popular, electo con votos reales en julio de 2011, y con un caminar político ininterrumpido en Carabobo desde el año 2002, conozco las tripas y las costuras del liderazgo opositor. Sé exactamente de qué está hecha la política por dentro, y por eso mismo no guardo complacencia: Venezuela agoniza de agotamiento frente a las mismas caras, los mismos dogmas y las mismas mañas. La política venezolana no resiste un retoque superficial; necesita con urgencia un sacudón con nuevas ideas, nuevos actores, narrativas frescas y una forma distinta de entender el servicio público.

?Ya basta de la falacia complaciente que nos quiere vender la «experiencia» o los «años de recorrido» como sinónimo automático de buen gobierno. Nos enseñaron a confundir kilometraje político con capacidad real, cuando en la práctica esa vieja guardia solo ha demostrado saber administrarse a sí misma en el poder o en la conspiración eterna. Lo nuevo tiene un valor propio, un encanto indispensable y, sobre todo, un espacio legítimo que reclama ser ocupado para sanear la república. Gobernar no es durar en una directiva de partido; gobernar es transformar la realidad de la gente, y eso requiere la valentía de abrir paso a quienes no están contaminados por los vicios del pasado.

?Conocí al detalle a Leopoldo López tras más de diez años de trabajo compartido. Nadie puede negarle un talento innegable para el activismo y la movilización de masas, pero la amarga verdad es que la brújula de su accionar político termina orbitando siempre alrededor del factor económico. Hay una frase reveladora que él mismo solía repetir y que retrata el fondo de su visión: “Un buen político dedica el 50% de su tiempo a buscar votos, y el otro 50% a buscar dinero para financiar la política”. Cuando la mitad de la vida de un líder se gasta en la gestión financiera, la causa social pasa a ser una mera excusa contable.

?Por su parte, la figura de Juan Guaidó encarna la vacuidad más evidente de esta etapa. Compartí con él incontables horas de viaje por avión, en bus y carro particular, además de decenas de encuentros políticos cuando él representaba al estado Vargas y yo a Carabobo. Tras esa cercanía, el saldo es contundente: estamos ante un perfil de una limitación profunda, desprovisto de ideas fuerza y sin la capacidad comunicacional que exige la conducción de un país. Guaidó es la demostración viviente del político artificial que, despojado del libreto y el aparato, carece por completo de la densidad intelectual y política necesaria para trascender.

?El caso de Lester Toledo completa este trágico tríptico donde la chequera manda sobre el compromiso. Toledo es un actor movido exclusivamente por el cálculo financiero. Recuerdo con absoluta claridad una reunión privada con dirigentes carabobeños durante las internas previas a julio de 2011; vino a Valencia a cazar votos y, en el ambiente del Hotel Guaparo Inn, se mostró tal como es: un auténtico mercader de la política. No había allí proyecto de región ni visión de país, solo una transacción utilitaria donde las voluntades se median en términos de conveniencia personal y recursos.

?Leopoldo López, Juan Guaidó y Lester Toledo representan, cada uno desde su matiz, el fallo estructural de la oposición venezolana.
A estos tres dirigentes los mueve el dinero, la codicia del poder por el poder mismo y la urgencia de posicionamiento, todo desprovisto de valores éticos o de un verdadero deseo de cambiar el destino colectivo. Su motor nunca ha sido el bienestar de la gente; ha sido su propio ego, la consolidación de su estatus y el llenado de sus bolsillos. Ninguno de ellos encarna la política limpia que la nación clama a gritos para salir de la oscuridad.

?Decir esto desde adentro no es una traición: es un acto de honestidad indispensable con el país que sufre. No podemos seguir pidiéndole a los venezolanos que confíen en proyectos de libertad liderados por quienes conciben la causa democrática como un modelo de negocios o un feudo personal. Mientras la cúpula siga viendo al ciudadano como una herramienta para validar sus propios privilegios, seguiremos estancados en el mismo círculo vicioso de derrotas y frustraciones.

? Venezuela exige una ruptura definitiva con esta politiquería adicta al dinero y vacía de contenido. Llegó el momento de plantarle cara a los falsos mesías y asumir que el cambio real no vendrá de mercaderes disfrazados de libertadores, sino de una nueva generación dispuesta a poner la ética, la razón y el servicio público por encima de cualquier agenda personal. Es hora de jubilar la vieja política para que la patria vuelva a tener un futuro.

Iván López Caudeiron / Licenciado en Administración. Especialización en Gerencia y Comunicación Política. 23 años de experiencia en cargos gerenciales de la Administración Pública. Locutor en La Voz de Carabobo 1040 Am / Power 99.9 FM. Vice-Presidente del Colegio de Locutores del Edo.Carabobo. Articulista de la Patilla.com e InfoEnlace.net.ve. Coordinador Nacional de Emprendimientos de la Fundación Pro-Defensa de los DD.HH.: Libertad, Justicia y Orden. CEO de @SoyFocoEmprendor. Mentor de Emprendimientos.

RR.SS: @IvanLopezSD

Clique aqui para ver articulo original

Author: Pablo Perez