Las etapas posteriores a las jornadas de descanso son pródigas, como saben los especialistas, en sorpresas y pájaras. Sin embargo, la paradoja no se dio este martes en la durísima etapa del Macizo Central , en plena fiesta nacional francesa, con la tradicional Toma de la Bastilla convertida en un aliciente más para los corredores locales y las altas temperaturas como protagonista silencioso. El calor es sin duda el gran tema de conversación (con permiso de Tadej Pogacar) en este Tour, pero ahora se ha sumado una segunda polémica: el pobre nivel de los hoteles donde duermen los ciclistas y su falta de aire acondicionado. Se volvieron a superar los treinta grados largos en el Macizo Central, un terreno que apenas concedió un metro de respiro: rampas y bajadas permanentes, una etapa con casi 4.000 metros de desnivel positivo y dos puertos de primera que conducían a Le Lioran (la meta donde Jonas Vingegaard derrotó por última vez a Pogacar, hace dos años). Era una etapa diseñada para el desgaste, mucho antes de la selección definitiva, y también una ocasión idónea para la revancha del siempre ambicioso líder en el mismo recorrido. Lejanos quedan los años en los que el 14 de julio solía ser un día festivo y propicio para la victoria de un escapado. La fuga tardó mucho más de lo habitual en consolidarse. Los ataques se sucedieron durante decenas de kilómetros, con aceleraciones constantes y varios intentos condenados por los intereses de distintos equipos. Lidl-Trek, por ejemplo, quería proteger el esprint intermedio para que Mads Pedersen siguiera aumentando su ventaja en la clasificación por puntos, objetivo que el danés cumplió. Después continuó la batalla para formar la escapada del día, que terminó estando formada por 30 ciclistas; algunos de ellos de enorme nivel (Van der Poel, Healy, Carapaz, varios españoles) mientras el pelotón seguía muy atento a cualquier movimiento con implicaciones para la general. Javi Romo (Movistar) dio una alegría a la afición y se marchó en el primer puerto de segunda categoría con Harold Tejada; el manchego rodaba sobrado de fuerzas y descolgó después al ciclista colombiano de Astana con suma facilidad. Si no fuese por el ritmo muy alto en el pelotón (muestra de los colmillos afilados de UAE), el español podría haber firmado una jornada memorable en el Macizo Central. Pero las ansias de Pogacar están modificando el ciclismo internacional tanto como el calor. Con el pelotón marchando en fila de a uno todavía a 60 kilómetros, era razonable esperar otra arrancada brutal del esloveno en alguno de los dos puertos de primera que restaban. Romo pedaleó en solitario y lució su marca hasta que quedaban 35 kilómetros para la meta de Le Lioran. La etapa estaba siendo tan dura como una de los Alpes, con varias caídas en los continuos cambios de rasante. Nada más ser capturado el toledano, en las primeras estribaciones de Puy Mary (primera categoría), Richard Carapaz dio aún más lustre a la jornada con un hachazo que no pudo seguir nadie. El ecuatoriano llegó solo a la cima y ahí se produjo una novedad interesante: empezó a tirar Decathlon, el equipo de Paul Seixas, la gran perla francesa. No había más de veinte ciclistas en el pelotón principal. La carrera estaba preciosa. Carapaz voló en el descenso de Puy Mary y llegó a las cunetas abarrotadas de la ascensión a Pertus con más de un minuto de ventaja. Los favoritos (Ayuso incluido) aguantaron el ritmo persecutorio de UAE, con Adam Yates a la cabeza. Carapaz rodaba con 45 segundos, pero ‘Pogi’ no atacaba. Incluso Visma se animaba a poner su ritmo en un pelotón de apenas 11 corredores. Hasta que Pogacar demarró, a falta de 900 metros para la cumbre, con una violencia inasumible. Carapaz, un corredor de extraordinario talento, vio cómo sus 45 segundos se esfumaron en sólo un kilómetro. Fue rebasado por el ‘maillot amarillo’ antes incluso de llegar a la cima. Los demás ‘gallos’ estaban a 20 segundos; sólo Isaac del Toro perdía medio minuto respecto al grupo. En la subida final del puerto de tercera (cuatro kilómetros) los rivales del líder intentaron atraparlo. Como se esperaba, no pudieron con él: otra gran victoria de un Pogacar cuya superioridad induce ya a una cierta resignación general. Y otra buena actuación de Juan Ayuso, que se coloca cuarto en la clasificación general.