La imagen de Conor McGregor llevándose las manos a la rodilla tras un gesto explosivo ante Max Holloway volvió a encender las alarmas sobre una de las lesiones más temidas en el deporte profesional: la del ligamento cruzado anterior (LCA). Aunque todavía no existe un diagnóstico oficial que confirme si se trata de un desgarro parcial o de una rotura completa, el Dr. David Beneito, traumatólogo y cirujano deportivo, especialista en lesiones de rodilla y miembro del equipo médico de Ilia Topuria, analiza para este periódico qué supondría cada escenario para un luchador de élite. «Si nos encontramos ante una rotura parcial del ligamento cruzado anterior, una situación relativamente poco habitual y en este caso muy poco probable , y la rodilla mantiene una buena estabilidad, algunos deportistas tratados de forma conservadora pueden volver a competir alrededor de los 4-6 meses, siempre tras una valoración individualizada», explica Beneito. Sin embargo, el especialista subraya que en las artes marciales mixtas la estabilidad de la articulación es el factor decisivo: «Las MMA son un deporte de contacto muy exigente para la rodilla, por lo que si existe la mínima duda sobre esa estabilidad habría que plantear la cirugía». El propio Conor McGregor ha anunciado que tendrá que pasar finalmente por quirófano . El escenario más preocupante sería una rotura completa del ligamento cruzado anterior. «Por el mecanismo de la lesión y la energía que se aprecia en el movimiento, es lo que parece más probable», señala el cirujano, que opera lesiones de rodilla a deportistas de manera semanal. En ese caso, la operación es inevitable y el regreso al máximo nivel se moverá en plazos más largos. «En un deportista de élite, y más en un deporte de contacto, estabilizar la rodilla es lo primordial. El plazo más realista suele situarse entre los nueve y los doce meses, y actualmente tendemos a inclinarnos más hacia los doce meses completos , o incluso más si existen lesiones asociadas». El especialista en Traumatología y Cirugía Ortopédica recuerda que el ligamento cruzado anterior es uno de los principales estabilizadores de la rodilla. «Su función es evitar que la tibia se desplace hacia delante y controlar los movimientos de giro y torsión. Cuando se rompe, la rodilla pierde estabilidad, especialmente en cambios bruscos de dirección, aterrizajes o gestos explosivos», explica. Además, rara vez se trata de una lesión aislada. «Las roturas del LCA suelen acompañarse de lesiones meniscales, daños en el cartílago articular y, en algunos casos, lesiones de otros ligamentos. Estas lesiones asociadas son determinantes para el pronóstico y para el tiempo de recuperación», comenta. Las imágenes de la acción han generado debate sobre si la lesión pudo producirse únicamente en el aterrizaje de su patada en salto. Para el especialista, la respuesta es clara: «Sí, es un mecanismo perfectamente compatible». «La mayoría de las roturas del LCA se producen sin contacto directo, mediante un apoyo con giro de la rodilla, el pie fijo en el suelo y un movimiento de rotación. Un aterrizaje tras una patada o un salto puede generar fuerzas suficientes para producir esta lesión , y más aún con la energía con la que Conor realiza el gesto». Otra de las hipótesis que han circulado es que McGregor pudiera llegar al combate con la rodilla ya dañada. Beneito no descarta ninguna posibilidad. «Ambos escenarios son posibles. Un ligamento previamente lesionado o degenerado puede romperse con un gesto relativamente menor, pero también vemos a diario roturas completas en personas jóvenes y sin antecedentes tras mecanismos de alta energía ». El médico insiste en que sin una exploración clínica y una resonancia magnética previas «sería únicamente especular», aunque personalmente considera que «sí pudo lesionarse directamente con ese gesto durante la pelea». Para conocer el alcance real de la lesión, el primer paso es una exploración realizada por un traumatólogo especialista en rodilla. Después, la resonancia magnética se convierte en la prueba clave. «Es la que permite confirmar la lesión del LCA y detectar posibles daños asociados en meniscos, cartílago, otros ligamentos o edema óseo», explica Beneito. Las radiografías, añade, también son importantes para descartar fracturas. En el caso de un luchador profesional de MMA, Beneito es contundente. «Una rotura completa del LCA suele tener indicación quirúrgica para recuperar la estabilidad y minimizar el riesgo de nuevas lesiones». Además, en este tipo de pacientes no se limita la intervención a reconstruir el ligamento: «Solemos añadir procedimientos asociados para garantizar una mayor estabilidad y tratar todas las lesiones acompañantes». El tratamiento conservador queda reservado, sobre todo, para personas menos activas, de mayor edad o para algunas roturas parciales con buena estabilidad. Sin disponer todavía de las pruebas médicas de McGregor, Beneito identifica las variables que marcarán su posible regreso al máximo nivel: el tipo de lesión, la existencia de daños meniscales o cartilaginosos, la cirugía realizada y la calidad de la rehabilitación. Pero destaca un factor que a menudo pasa desapercibido. «La recuperación de la fuerza, la estabilidad y, sobre todo, la confianza y la seguridad del deportista en su rodilla es fundamental . En muchos casos, la recuperación psicológica es tan importante como la biológica y puede marcar la diferencia entre volver a competir y volver al máximo nivel». La gran pregunta es si una lesión de este tipo permitiría mantener el estilo explosivo que convirtió al irlandés en una de las mayores estrellas de las MMA. Beneito se muestra prudente, aunque optimista. «Muchos deportistas consiguen volver a un nivel muy alto tras una reconstrucción del LCA, pero el proceso es extremadamente exigente. Si la cirugía, la rehabilitación y la readaptación son óptimas, es posible recuperar un estilo explosivo. El objetivo no es solo volver a competir, sino hacerlo con una rodilla estable, segura y capaz de soportar las exigencias del deporte de élite». En definitiva, mientras el mundo de las artes marciales mixtas espera el diagnóstico definitivo de Conor McGregor , la valoración de David Beneito dibuja un escenario claro: si se confirma una rotura completa del ligamento cruzado anterior, el reloj del retorno empezará a contar en torno a un año , con una reconstrucción quirúrgica y una rehabilitación minuciosa como únicas vías para intentar recuperar al McGregor más explosivo.