
04-07-2026
A un par de kilómetros del último edificio en ruinas de Caraballeda, en La Guaira, una imagen resume otro costado de la tragedia que provocaron los dos terremotos consecutivos: la crisis económica en Venezuela. En descampados frente al mar, camiones volcadores sacan los escombros de la zona del desastre y decenas de personas revuelven los cascotes en búsqueda de materiales con valor para poder intercambiarlos por un puñado de dólares.
Por: Clarín
En el camino asfaltado que comunica a Tanaguarena con Naiguatá, el calor es extremo. En ese sector de la costa de La Guaira, el mar no tiene playa y solo devuelve más humedad, a un sol que deshidrata con más de 35 grados.
A solo unos minutos de donde trabajan los rescatistas, la imagen se asemeja a la del desastre. Hay pequeños montículos de escombros, hierros retorcidos y polvo. En las banquinas, esperan motos y bicicletas estacionadas. Unas treinta personas caminan entre los cascotes con palas y palos. Remueven los restos de edificios y torres. Buscan cobre y otros elementos de valor que puedan intercambiar por dólares, en la economía bimonetaria de Venezuela.
Empezaron a aparecer una semana después de los dos terremotos que azotaron a Venezuela, de 7.1 y 7.5 en la escala Richter y que hasta el momento contabilizan 2.954 muertos confirmados por el régimen; 16.592 heridos y más de 50 mil desaparecidos.
“Hace como tres días que vengo. He conseguido algo como para cambiar por un saladito. Busco cobre, aluminio, algo para reciclaje. Se junta y uno puede sacar cuatro dólares, cinco dólares”, cuenta José Díaz (54) a Clarín.
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