Las víctimas invisibles de Playa Grande que deambulan entre los escombros tras los terremotos en La Guaira

Foto: Thairy Baute

 

El silencio en Playa Grande se rompe únicamente por el crujido de los escombros y, de vez en cuando, un gemido agudo que sale de las grietas. No es humano. Esta vez, el dolor también tiene cuatro patas. Tras el doble terremoto que sacudió al litoral central, cientos de perros y gatos que dormían en los apartamentos y casas de esta zona residencial, quedaron atrapados en la misma trampa de concreto que sus dueños.

Por: Luz Dary Depablos | lapatilla.com

Es la madrugada. En medio de la oscuridad total, las linternas de los rescatistas cortan la neblina de polvo. El olor a muerte cada vez es más espeso e inconfundible.

Tomás Rodríguez, rescatista voluntario, avanza junto a su equipo. La luz de su lámpara enfoca un punto fijo: acaban de hallar un cuerpo sin vida entre las ruinas de lo que fue residencias Palmilla. La prioridad inicial siempre es la vida humana, pero en Playa Grande, la tragedia barrió con todo sin distinción de especie.

Un refugio entre la nada

“Vamos a armar un refugio improvisado”, dijo Tomás, que llegó a La Guaira desde el primer día. En las horas iniciales de la emergencia, su equipo logró sacar entre los escombros  a tres personas con vida. Esa victoria fue el motor para quedarse, pero su sensibilidad hacia los animales lo obligó a asumir una doble jornada.

Playa Grande era un sector de residencias familiares, donde las mascotas formaban parte de la cotidianidad. Hoy, el panorama es desolador. Son decenas de animales que deambulan sin rumbo. Tomás calcula que ha visto al menos a 40 perros y gatos vagando por las calles destruidas. Caminan despacio, con la cola entre las patas, desorientados, olfateando e intentando ubicar a sus dueños, pero muchos de ellos quedaron bajo el concreto o están en las morgues improvisadas.

Muy pocos han logrado reencontrarse con alguno de sus dueños. La gran mayoría camina con el miedo pegado al cuerpo, sin entender qué cambió el mundo que conocían.

Tomás ubicó una casa que milagrosamente quedó en pie, aparentemente sin riesgo de colapso y alejada de otros edificios en peligro. Ese espacio se convertirá a partir de ahora en un refugio para los animales sobrevivientes de la zona cero.

Mascotas desamparadas

A una semana desde que ocurrió la catástrofe, el joven rescatista día y noche sigue cavando, buscando señales de vida, algunos veces se queda haciendo esa labor hasta las 3:00 de la madrugada. Cuando su cuerpo no aguanta el cansancio, sube a Caracas a ducharse, duerme unas horas, luego vuelve a bajar a la zona de desastre para reiniciar la búsqueda.

Él, que siente una profunda conexión con los gatos, sabe que los animales son las víctimas invisibles de este desastre. Por eso no trabaja solo. Se ha unido a tres grupos de voluntariados, donde médicos y estudiantes de Medicina Veterinaria de varias universidades del país se han sumado para atender a los heridos, estabilizarlos e intentar buscarles hogares temporales.

“No abandonen a los gatos y perros, ellos también lo perdieron todo y no tienen cómo pedir ayuda. Quienes deseen colaborar con insumos médicos, alimento, traslado o deseen postularse como hogares temporales para los animales rescatados en Playa Grande, ubiquen a los proteccionistas en la zona”, suplicó Rodríguez.

Clique aqui para ver articulo original

Author: Pablo Perez

Las víctimas invisibles de Playa Grande que deambulan entre los escombros tras los terremotos en La Guaira

Foto: Thairy Baute

 

El silencio en Playa Grande se rompe únicamente por el crujido de los escombros y, de vez en cuando, un gemido agudo que sale de las grietas. No es humano. Esta vez, el dolor también tiene cuatro patas. Tras el doble terremoto que sacudió al litoral central, cientos de perros y gatos que dormían en los apartamentos y casas de esta zona residencial, quedaron atrapados en la misma trampa de concreto que sus dueños.

Por: Luz Dary Depablos | lapatilla.com

Es la madrugada. En medio de la oscuridad total, las linternas de los rescatistas cortan la neblina de polvo. El olor a muerte cada vez es más espeso e inconfundible.

Tomás Rodríguez, rescatista voluntario, avanza junto a su equipo. La luz de su lámpara enfoca un punto fijo: acaban de hallar un cuerpo sin vida entre las ruinas de lo que fue residencias Palmilla. La prioridad inicial siempre es la vida humana, pero en Playa Grande, la tragedia barrió con todo sin distinción de especie.

Un refugio entre la nada

“Vamos a armar un refugio improvisado”, dijo Tomás, que llegó a La Guaira desde el primer día. En las horas iniciales de la emergencia, su equipo logró sacar entre los escombros  a tres personas con vida. Esa victoria fue el motor para quedarse, pero su sensibilidad hacia los animales lo obligó a asumir una doble jornada.

Playa Grande era un sector de residencias familiares, donde las mascotas formaban parte de la cotidianidad. Hoy, el panorama es desolador. Son decenas de animales que deambulan sin rumbo. Tomás calcula que ha visto al menos a 40 perros y gatos vagando por las calles destruidas. Caminan despacio, con la cola entre las patas, desorientados, olfateando e intentando ubicar a sus dueños, pero muchos de ellos quedaron bajo el concreto o están en las morgues improvisadas.

Muy pocos han logrado reencontrarse con alguno de sus dueños. La gran mayoría camina con el miedo pegado al cuerpo, sin entender qué cambió el mundo que conocían.

Tomás ubicó una casa que milagrosamente quedó en pie, aparentemente sin riesgo de colapso y alejada de otros edificios en peligro. Ese espacio se convertirá a partir de ahora en un refugio para los animales sobrevivientes de la zona cero.

Mascotas desamparadas

A una semana desde que ocurrió la catástrofe, el joven rescatista día y noche sigue cavando, buscando señales de vida, algunos veces se queda haciendo esa labor hasta las 3:00 de la madrugada. Cuando su cuerpo no aguanta el cansancio, sube a Caracas a ducharse, duerme unas horas, luego vuelve a bajar a la zona de desastre para reiniciar la búsqueda.

Él, que siente una profunda conexión con los gatos, sabe que los animales son las víctimas invisibles de este desastre. Por eso no trabaja solo. Se ha unido a tres grupos de voluntariados, donde médicos y estudiantes de Medicina Veterinaria de varias universidades del país se han sumado para atender a los heridos, estabilizarlos e intentar buscarles hogares temporales.

“No abandonen a los gatos y perros, ellos también lo perdieron todo y no tienen cómo pedir ayuda. Quienes deseen colaborar con insumos médicos, alimento, traslado o deseen postularse como hogares temporales para los animales rescatados en Playa Grande, ubiquen a los proteccionistas en la zona”, suplicó Rodríguez.

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Author: Pablo Perez