El wokismo empezó en mi colegio en 1989 cuando un niño al que le habían llamado «hijo de puta», fue a la directora a decirle que habían insultado a su madre. Nadie falta a la madre cuando usa este modismo. El presidente Rajoy ha escrito en ‘El Debate’ que la selección francesa es muy buena pero que juega sin franceses y se ha armado un escándalo pueril y muy poco inteligente. También en el Barça decimos que jugamos con jugadores «de casa» en referencia a la Masía, aunque no sean españoles; o se critica al Madrid porque no juega con españoles, o porque muchos sean de color (negro). Buscarle las vueltas a Rajoy por sus artículos es de cobardes. Todo el mundo sabe que los escribe de buena fe y sin voluntad de hacer daño a nadie. No querer a Mariano Rajoy Brey es de una maldad intrínseca, imposible de justificar, y además el Estado fallido que es Francia, el Estado carcomido, podrido, finiquitado que es Francia se explica en la frase del presidente, y luego se refleja en París cuando arde. El ministro Albares ha hecho el ridículo -una vez más- exigiendo a Rajoy y a ‘El Debate’ que se disculpen, cuando el que tendría que disculparse es él por los insultos a Israel, el tan tercermundista vicio antiamericanista, y el compadreo criminal con los que predican la destrucción de Occidente. Lamine Yamal pudo elegir entre Marruecos y España, lo mismo que Aymeric Laporte entre España y Francia. Vivimos en un mundo complejo, lleno de matices, susceptible de ser malinterpretado y en el que la literalidad es siempre el recurso de las personas poco inteligentes. El fútbol es un espacio de alegría y de verdad en el que las metáforas sirven para explicar no solo este deporte, sino la vida. España juega con jugadores españoles, aunque algunos hayan podido elegir otras selecciones. Francia juega con franceses aunque la mayoría, como dice Rajoy, no lo sean ni en formación, ni en espiritualidad, ni en cultura, ni en nada más que en el detalle técnico de su pasaporte. Nadie puede olvidar cómo y por qué se ha silbado ‘La Marsellesa’ en algunos estadios. Insultar al presidente Rajoy es de una bajeza que retrata a quien lo hace.