Londres, en vilo con el Proyecto 222

En el atletismo limpio, donde el dolor se mide en décimas y la grandeza en segundos que se resisten a caer, hay gestas que trascienden la mera competición. El récord mundial de la milla , esa distancia caprichosa de 1609,34 metros que Hicham El Guerrouj fijó en 3:43.13 hace ya 27 años en Roma, es una de ellas. Un monumento al genio marroquí, una barrera que ha desafiado a tres generaciones enteras de mediofondistas. Y ahora, un edimburgués de 28 años, Josh Kerr, ha decidido derribarla. Lo va a intentar este sábado en el London Stadium, durante la Diamond League , en uno de esos deliciosos meetings del atletismo inglés, que se celebran a mediodía con estadios abarrotados. Lo llaman Project 222 . Doscientos veintidós segundos para la gloria. José Luis González, el español que más ha brillado en la milla, explica a ABC que «esto es una osadía. El Guerrouj ha sido probablemente el mejor millero de la historia y va a ser muy difícil batir el récord, porque es un crono extraordinario. Pero pensándolo bien ¿Quién mejor que un británico para tener el récord de la milla?» Kerr no es un advenedizo. Hijo de una fisioterapeuta y un jugador de rugby, comenzó a correr a los ocho años en el Edinburgh Athletics Club. Su trayectoria es la de un artesano del esfuerzo : tres veces campeón universitario USA con la camiseta de Nuevo México, oro mundial en Budapest’2023 y plata olímpica en París’2024 en 1500 metros. Pero más allá de las medallas, Kerr encarna ese atletismo que añoramos: transparente, obsesivo, construido sobre bases sólidas de entrenamiento, recuperación y, sí, ciencia al servicio del cuerpo humano, nunca en su contra. El mejor crono en la milla del escocés es de 3:45.34. Está a dos segundos del mito . Pero en la milla, dos segundos son un abismo de estrategia, umbrales de lactato y esa capacidad casi mística para sufrir en los últimos 400 metros, cuando las piernas gritan y la mente debe imponerse. Kerr lo sabe. Por eso ha centrado su vida en este objetivo. Entrena en Albuquerque, a más de 1.600 metros de altitud, y ha convertido su dormitorio en una cámara de altitud equivalente a otros 900 metros más. Doce horas al día allí, durmiendo, recuperando, adaptando su fisiología. Nutrición milimétrica, biomecánica estudiada al detalle con Brooks, su patrocinador, que le ha fabricado unas zapatillas, las Hyperion 222, específicas para esos tres minutos y 42 segundos soñados. Un traje de velocidad a medida, ajustado, con cremallera en el pecho y microorificios para una mejor ventilación de la piel. Todo dentro de las reglas. Este enfoque integral recuerda a los grandes del pasado, pero con las herramientas del presente . El Guerrouj corría con una elegancia etérea, casi flotando sobre la pista. Kerr es más terrenal, más potente, con una zancada que combina fuerza escocesa y precisión quirúrgica. Su progresión en los 1500 (3:27.79 frente a los 3:26.00 del marroquí) lo sitúan como el hombre ideal para este reto. No es un sprinter reconvertido ni un fondista puro; es un mediofondista auténtico, capaz de manejar ritmos infernales y cerrar con un último giro letal. Batir este récord en Londres, la tierra del gran Roger Bannister, de las exhibiciones de Coe, Ovett y Cram, parece un acto de justicia. El sábado, el London Stadium vibrará. Kerr ha invitado a rivales de élite, como el estadounidense Nuguse, consciente de que una carrera competitiva, con liebres y luces en la pista, es la mejor manera de exprimir el potencial. No quiere un récord fabricado en solitario; quiere batir el récord en combate, delante de su público : 60.000 almas llevándolo en volandas. «La mejor forma de romperlo es ante una multitud británica», ha dicho. Hay algo poético en ello: un escocés reclamando en suelo inglés un trono que lleva tres décadas en poder de un africano. Pero no nos engañemos. En un deporte que ha visto sombras —dopaje, manipulaciones, atajos tecnológicos cuestionables—, Kerr representa la esperanza. Apasionado del atletismo auténtico, una personalidad con carácter, su intento es todo un manifiesto: se puede llegar a lo más alto con trabajo, inteligencia y respeto a las reglas. Imaginemos la carrera. Los primeros 400 metros en torno a 55 segundos, controlados pero agresivos. El paso por el 800 exigente, manteniendo la economía de carrera. Y ese último cuarto de milla, con el estadio en ebullición, Kerr lanzándose a por los 222 segundos. ¿Lo conseguirá? El atletismo, como la vida, no da garantías. El viento, la lluvia, una salida accidentada… el sábado puede pasar de todo. Pero el intento ya es una victoria. Porque en un mundo de exigencia de resultados inmediatos, Kerr nos recuerda que perseguir lo imposible es lo que nos hace humanos. Desde su llegada a Nuevo México con 17 años, becado tras ganar el Europeo júnior, Kerr ha construido una carrera de paciencia y ambición con medallas que pesan. Ahora, en la madurez atlética, va a por la eternidad. Project 222 no es solo un intento de récord; es la declaración de un atleta que entiende que el verdadero triunfo está en el proceso: en las madrugadas en la cámara de altitud, en los análisis de biomecánica, en la fe inquebrantable en que el cuerpo, bien entrenado, puede tocar la gloria. El sábado estaremos atentos. No sólo por Kerr, sino por lo que representa. Por ese atletismo que nos emociona, que nos hace creer que unas buenas zapatillas, unos pulmones bien oxigenados y un corazón valiente pueden cambiar la historia. Si cae el récord, será épico . Si no, habrá que esperar. Porque en el atletismo, como recordaba siempre el gran Alberto Juantorena, sólo hay un juez. La meta.

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Author: Pablo Perez