Miguel Méndez Rodulfo: No edificaron viviendas, construyeron tumbas

En el estado Vargas, como me gusta llamarlo porque de ninguna manera sigo el nominalismo chavista, la misión vivienda o “La Gran Misión Vivienda”, dejó una estela horrible de muerte y desolación, durante el doble terremoto del miércoles 24 de junio de 2026, a las 6:04 pm. El denominado desarrollo Hugo Chávez Frías, un conjunto de 193 bloques y 3.088 apartamentos, que construyó la mitad de sus viviendas en solo 10 meses, ubicado en Catia La Mar, concretamente en Playa Grande, prácticamente en la cabecera de la pista de aterrizaje del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía (el principal de Venezuela), en unos terrenos privados que fueron confiscados y no pagados, los cuales servían de estacionamiento al transporte de carga del estado; allí, en esa zona de suelos arenosos y situados frente a la falla de San Sebastián, fue construido dicho desarrollo por la empresa turca Summa, que como tenía un convenio gobierno a gobierno con el régimen chavista presidido entonces por Hugo Rafael Chávez Fías, siendo ministro de vivienda Ricardo Molina y gobernador de Vargas Jorge Luis García Carneirono. Chávez no permitió supervisión técnica, ni inspección alguna durante la construcción de los edificios; es decir, ni el Ministerio de la Vivienda, ni la alcaldía, ni inspectores independientes, pudieron verificar cómo se estaban edificando las viviendas, contraviniendo las leyes, reglamentos y ordenanzas vigentes, solo obedeciendo al capricho del sabanetero.

La empresa turca, cuyos dueños: Mete y Selim Bora, apoyados por Alex Saab, utilizó una técnica constructiva en boga en Estados Unidos y Canadá, denominada Steel Framing, sistema constructivo rápido, en seco, muy apropiado para proyectos modulares, basado en estructuras de perfiles de acero galvanizado, conformados en frío, de grado estructural, con paredes y tabiques interiores hechos en drywall (cartón-yeso, y lana de vidrio), pisos con una placa estructural soportada por grillas de perfiles de acero galvanizado, y placas de revestimiento exterior envueltas térmicamente, elementos todos que se pueden armar en la obra. Este sistema en muchas partes del mundo ha funcionado muy bien, pero cuando la premura y la corrupción imperan, los residentes sufren las peores consecuencias. Así, el complejo urbanístico manifestó desde su entrega serias fallas. Hubo filtraciones severas que le amargaron la vida a los residentes y lo más grave, se produjeron inclinaciones de edificios, destacando el bloque M15 que requirió la inyección de concreto bajo la losa de planta baja, lo que evidenció sin duda alguna, graves problemas de fundaciones. El Colegio de Ingenieros de Venezuela alertó acerca de que el conjunto carecía de cimientos profundos en terrenos costeros arenosos de alta sismicidad. Pero el Gobierno, que solo le interesaba manipular al votante (se aproximaban los elecciones de 2012), utilizaba la susodicha misión como una vitrina electoral; no le hizo caso alguno a las denuncias. No lo hizo entonces, ni después, ni nunca. Videos de rescatistas mostraron luego del cataclismo como en vez de utilizar 6 perfiles verticales en las esquinas, se colocaron dos; como se usaron esquineros de uso interior en las fachadas externas, en vez de estructurales.

El caso del conjunto de misión vivienda denominado Los Cocos, ubicado en Caraballeda, fue más dantesco aún. Dos de las 5 torres se desplomaron completamente, las otras tres quedaron tan vulneradas estructuralmente que no pueden ser habitadas y deben ser demolidas. Lo que los rescatistas encontraron como evidencia, fue el uso masivo de anime en vigas, columnas y fundaciones. Un hecho verdaderamente criminal. El urbanismo Luisa Cáceres de Arismendi, concluido en 2015 y parte de la misión vivienda, también en el sector Playa Grande, sufrió un colapso estructural grave, cuestión que lo hace inhabitable.

Los desarrollos urbanísticos de la misión vivienda se edificaron sin los obligatorios estudios exhaustivos de suelo, sin cumplir las ordenanzas de construcción vigentes y en particular las normas antisísmicas, sin ninguna supervisión técnica o inspección independiente de obras, con total incumplimiento de las leyes, reglamentos y ordenanzas vigentes; además, fueron construidos en tiempo record, ya que el efectismo político privó sobre el cumplimiento de las normas, los controles y los tiempos. La construcción de estos edificios no contó con materiales de primera calidad; en su lugar, se utilizaron insumos de segunda, baratos, ligeros y de cuestionables características. Entre las ruinas de los escombros quedaron expuestos en los cimientos, vigas, columnas y paredes, materiales como espuma de poliuretano amarilla, poliestireno expandido/anime (ambos elementos usados muy excesivamente), cabillas delgadas o casi inexistentes, tablas de madera, etc., en componentes que debían ser robustos y muy fuertes en términos estructurales; que debieron ser fabricados, en el caso de la construcción tradicional en Venezuela (húmeda), en concreto armado, con cemento y acero de muy alta calidad y en la cantidad requerida.

Antes de estos dos acontecimientos telúricos, ya diversas inspecciones técnicas habían detectado la presencia de fisuras, inclinaciones de los edificios y problemas de filtraciones, tanto en Caracas como en Vargas, pero también en toda zona del país donde había edificios de la misión vivienda. Post terremoto, los vecinos de Playa Grande denunciaron que algunos edificios colapsaron no solo por el sismo, sino por explosiones de las bombonas de gas. A la entrega de las viviendas en el urbanismo Hugo Chávez, el régimen repartió un instructivo en el que se prohibía a los residentes que tuvieran en sus casas objetos pesados. Por otra parte, los edificios de construcción privada que se derrumbaron, que fueron la gran mayoría, se levantaron en terrenos de sedimentos aluviales, incluso algunos en terrenos impactados por el deslave de 1999. Durante la gestión de García Carneiro se permisó la construcción de muchos de estos edificios que se vinieron abajo, sabiendo que se trataba de terrenos conformados por abanicos aluviales o zonas de depósitos sedimentarios, sujetos también a licuación por el alto nivel freático. Allí no se podían construir edificios altos ni pesados, pero el negociado chavista no se paró en tonterías.

Todo ello habla de una desproporcionada y criminal corrupción. De un régimen diabólico que no le importó la gente más que para usarla para su propósito de enriquecerse sin medida, sin respetar absolutamente la vida humana, despreciando a su prójimo…

Miguel Méndez Rodulfo

Caracas, 17 de julio de 2026

Clique aqui para ver articulo original

Author: Pablo Perez