
Se ha anunciado, tanto por la Sra. Dinorah Figuera (representante de la AN-2015) como por el Sr. Jorge Rodríguez (presidente de la AN-2021, y vocero del interinato) la conformación de una agenda de trabajo conjunta concebida como una hoja de ruta para promover
la estabilidad, la democracia y la recuperación nacional, en la convocatoria de la unidad nacional para enfrentar las consecuencias del doblete sísmico y a efectos del fortalecimiento de la democracia. Según la información difundida, la agenda arrancará el 1? de agosto. Los anuncios se han interpretado como el inicio de un proceso de negociaciones entre el régimen interino, legalmente caducado, y la oposición democrática venezolana, bajo la mirada del Departamento de Estado de EE.UU.
Es de advertir que una intencionalidad distinta al ánimo colectivo prevaleciente –tal como darle piso al cuestionado régimen espurio de Delcy Rodríguez, o montar una distracción urdida por el «rodrigato» para consolidar la añagaza basada en la ausencia forzada sostenido por el TSJ del horror– acortaría pasmosamente ese proceso anunciado, durando horas, sí mucho.
En una visión desde las expectativas de la mayoría y la opinacidad general del país, es muy importante asegurar la viabilidad y sostenibilidad de la decisión política que le abra el portón, ahora sí, a la transición política. Primeramente, porque esta debe encarar la
estrechez del plan Trump-Rubio en cuanto a la organización operativa de la transición que tiene un defecto de origen como es el peso económico mercantil enunciado e implementado por el gobierno estadounidense, luego del 3E; y a su vez el deterioro prematuro del llamado interinato por la insolente desfachatez (valga la redundancia) del «rodrigato» de creerse albaceas de una inexistente legalidad y un patetico legado de 27 años de castrochavismo. En segundo término, debe cuidarse qué tipo de organización de gobierno provisional ha de instalarse, y cuya virtud principal debe ser la coherencia política por la necesidad de dar confianza: requerirá entonces de solidez
directiva como un contrapeso de poder.
Un tercer aspecto es la capacidad que esa figura de gobierno –unipersonal o colegiado– debería tener como potencialidad para la acción real de ejecutoriedad y sentido de temporalidad en su duración, basado en el propósito que persigue que no es otro que la transición política como cambio sustantivo de poder en Venezuela: como tal es un órgano de poder político que debe ensamblar funcionalmente –para lograr su propósito– a la Asamblea Nacional en el propósito legislativo requerido (o asumir la función legislativa); ordenar la función judicial, reorganizando el espurio Tribunal Supremo (TSJ) madurista, en un TSJ recio, sólido y digno, sin el sesgo perverso del «rodrigato». Todo para lo cual, en esta perspectiva, es fundamental la reconversión del mando en la FANB. Aspecto –este último– que debe ser previo o coetáneo al inicio de «La Provisionalidad» como punto real y concreto de «La Transición».
La reconversión del mando castrense es un aspecto crucial de este proceso de ensamble de un poder político provisional, que, repetimos, es acoplar el componente militar chavomadurista (totalmente desalineado de la CRBV) al realineamiento del sistema provisional de gobierno como garantía armada de «La Transición»: tan crucial como que significa el reconocimiento del subsistema militar realineado del mando civil representado en el liderazgo de María Corina Machado, en tanto que es la líder del factor político mayoritario y que seguramente en el corto plazo (al final de la etapa de La Provisionalidad) asumirá la Presidencia de la República. Tal cosa no admite un eso lo veremos después por cuanto es, casi, una precondición.
¿Se podría adivinar la visión del «rodrigato» sobre estos aspectos básicos anotados como un proceso con el fin de ganar tiempo, eje central de su ejercicio público? Sin concebirse como respuesta, esta visión ya comienza a hacer aguas por el comportamiento del interinato respecto del doblete sísmico y la dudosa capacidad de «la tripleta» para gobernar sin el blindaje de la violencia y el dinero mal habido. Capacidad medida por una gobernabilidad tendiente a cero y maniatada a la vigente presión castrense de un subsistema, el militar, que todo lo negocia en cuanto a su presencia que además la reclaman para todo. Ganar tiempo se reduce dramáticamente ahora a mantenerse cada vez más en la mayordomía del plan Trump-Rubio y sobrevivir, de cuyo control carece por el carácter subalterno, como traza congénita del interinato, en manos de «la vice» de Maduro.
Una de las grandes dificultades de este proceso anunciado es la opacidad lo cual queda evidenciado por las dos narrativas con que se hace público. Un análisis más prolijo asomaría todas estas dificultades y limitaciones, por ejemplo el método foda. Habrá que
hacerlo, con una simbiosis metodológica que cuente con mayor información. En todo caso, el éxito de esta iniciativa dependerá de la prudente audacia del liderazgo civil y el concepto de gestión política que ensaye la representación opositora con sentido práctico:
gestión sometido a fines (Provisionalidad y elecciones perentoriamente), más que del saberse apoyada por el Departamento de Estado.
Nota de prensa
