Mikel Oyarzabal (Éibar, 29 años) afronta la semifinal del Mundial con esa serenidad que ha convertido en una de sus grandes señas de identidad. Lejos de levitar tras su brillante campeonato como máximo goleador de España con cuatro dianas, el capitán realista reivindica la calma y la importancia de mantener los pies en el suelo. Para él, la verdadera felicidad está lejos de los focos. «Muchas veces los elogios pueden ser más peligrosos que las críticas», advierte. – Francia llega con un ataque espectacular. ¿Qué sensación les transmite este partido? – Es un gran equipo, con unos jugadores muy buenos, pero hemos demostrado que somos capaces de hacerles frente y que podemos enfrentarnos a cualquiera. A nivel individual no te voy a descubrir a ningún jugador de ellos. Cualquiera te puede generar algo, pero hemos demostrado durante todo el campeonato y en los últimos años que a nivel colectivo muy poca gente está a nuestra altura. Como equipo estamos siendo sólidos y concediendo poco. – ¿Dónde está la clave con Francia? – Hay que poner el foco en los jugadores de arriba, en que no estén cómodos, en no dejarles transitar, que ellos muchas veces se sienten cómodos ahí porque recuperan el balón y salen bien. Pero como equipo debemos centrarnos en nosotros, en lo hemos hecho bien en estos partidos. – ¿Cuál es el principal argumento de España para ganar el Mundial? – ¿Por qué no? Estamos a las puertas de la final. Ahora cualquier detalle, cualquier momento te puede decidir la eliminatoria. Nos hemos ganado el derecho de poder ilusionarnos, de estar ahí. Hay que estar tranquilos, sin volvernos locos, pero creyendo en nosotros mismos, en el grupo. – ¿Nota que los defensas le vigilan de otra manera después del Mundial que está haciendo? – No. Creo que todo el mundo trata de hacer lo mejor posible su labor, seas conocido o no. – Cualquiera puede ser decisivo en esta selección. ¿Ese reparto de protagonismo es una de sus mayores fortalezas? – Es algo muy positivo saber que cualquiera de los 26 que estamos aquí puede tener sus minutos y puede tener su momento de protagonismo. Eso indica también que todo el mundo está metido en la dinámica y en la batalla y es algo que tenemos que seguir manteniendo. – ¿Cuál es la cualidad futbolística suya que más aprecia? – Me gusta leer o intentar leer el partido tácticamente, ver que es lo que se puede hacer o no y ver cómo se le puede hacer daño al rival. Creo que es lo que más hago. – Transmiten mucha tranquilidad incluso en los momentos complicados. ¿Quién pone calma dentro del vestuario cuando aprieta el partido? – Todos en general. Es algo grupal que entre todos hemos conseguido tener dentro del equipo, dentro del grupo. Creo que es positivo. Tenemos que seguir en esa línea, en tener la cabeza donde hay que tenerla y los pies en el suelo. Y eso nos ayuda en el día a día. – ¿Qué es la felicidad para una estrella como usted que no quiere ponerse ese traje? – Tener momentos en los que tu familia, tus amigos y tu círculo puedan disfrutar con cosas relacionadas con el fútbol. La felicidad muchas veces va más allá de lo que es el fútbol. Y en la vida en general diría que la tengo y en los últimos años un poco más. Todo esto que hacemos, todo lo que rodea el fútbol, es para poder compartirlo con la familia, con la gente que queremos. Si no cuentas con ellos en los momentos de felicidad tuyos, pues no son tan felices. – Incluso con los amigos de su cuadrilla de Éibar. ¿Cuántos han venido? – Seis. Hubieran venido algunos más, pero el tema de las entradas no es fácil. Felices y contentos de estar aquí. – De la Fuente dijo «si monto un negocio mis socios serían Merino y Oyarzabal». ¿Qué ha visto en usted para decir algo así? – Igual lo que hablábamos de la calma, de no perder los papeles. En ese sentido soy de esas personas que siempre mantengo tranquilo y con la cabeza en mi sitio. – Otra de De la Fuente: «Si alguien me pregunta quién puede ser entrenador, ese es Mikel Oyarzabal». ¿Le veremos en los banquillos? – Nunca se sabe, pero ahora mismo no me veo. El mundo de los entrenadores tiene, una vez que has sido jugador, la parte menos bonita del fútbol porque cuando las cosas no van bien al primero que se mira es al entrenador. No sé que va a poder pasar. Espero que sea dentro de muchos años, pero ahora mismo no me veo. – Le veo más de presidente de la Real Sociedad. – No, eso para otros. – ¿Qué aporta el Mundial a un futbolista como usted que disfruta del juego, pero no de la notoriedad? – La experiencia, el mero hecho de vivir un Mundial es algo espectacular. Todo lo que hay detrás, todo el tema de organización, todo lo que se mueve de aficiones, todos los medios que estáis aquí. Es algo único. No estamos acostumbrados en el día. En otros clubes un poco más. Que la familia pueda disfrutar de un entorno así, de todo lo que rodea. – De la Fuente dijo que el suyo es un liderazgo en valores. ¿Cuáles son los suyos? – He dicho siempre que voy a buscar el bien colectivo, el bien del equipo. De lo que se trata es de poner a disposición del equipo las cualidades que uno tiene. -Los jugadores se pasan la vida recibiendo elogios y admiración. ¿Cómo logra poner los pies en el suelo? – Hay de todo. Hay que saber llevar los elogios y hay que saber llevar también las críticas. Muchas veces los elogios pueden ser más peligrosos que las críticas en algunos momentos. Se trata de no hacerles mucho caso, de mantener los pies en el suelo, de tener un círculo cercano que te haga ver la realidad de lo que es la vida más allá de lo que es como futbolista. – ¿Por qué los elogios pueden ser más peligrosos que las críticas? – Cuando todo va bien todo el mundo quiere estar cerca, todo el mundo quiere escribir, todo el mundo quiere estar a tu lado, pero cuando van mal dadas hay mucha gente que también critica. Y esos momentos, la familia, la gente que te quiere va a estar ahí para apoyar. – ¿Qué reflexión hace cuando los periodistas le preguntan por qué no se va de la Real? – Lo he dicho mil veces. La Real es el club que me ha dado la oportunidad de estar hoy en este Mundial. Cuando las cosas me han ido mal han sido los primeros que me han puesto el hombro, que me han echado un capote para seguir adelante y son todos los que me han dado la oportunidad para vivir lo que estoy viviendo. Estoy simplemente agradecido y he dicho mil veces que considero a la Real mi casa. – Parece que vivimos un momento del fútbol en el que hay que ir a un equipo que juega todos los años la Champions para ser feliz, pero Unai Simón y Nico en el Athletic o usted demuestran que no. – No digo que si vas a un equipo de esos no puedas ser feliz y seguro que peleas por otras cosas por las que quizá no peleas en la Real, el Athletic o en otros equipos. Seguro que hay gente que saliendo de estos equipos ha encontrado la felicidad, pero yo estoy feliz, estoy a gusto donde quiero estar. – El ambiente en el vestuario, ¿es tan bueno cómo transmiten hacia afuera? – Sí. – Usted, por ejemplo, ¿con quien se lleva mejor? – Como es obvio, con Merino y Zubimendi tengo una relación especial porque hemos compartido vestuario durante muchísimos años, pero también hay gente con la que llevo diez años desde los sub’19 o los sub’21. Ha habido gente que no conocía, que pensabas que eran de una manera y eran de otra y te llevas una sorpresa muy buena. – ¿Cómo se relajará antes del partido ante Francia? – Suelo escuchar música en el autobús camino del estadio. Me gusta hablar con mi familia nada más llegar al campo o en el autobús, depende de en que plan estén – ¿Qué música se pondrá camino del estadio? – Me gusta la música tranquila, algo de Leiva y tal.