Todos contra Pogacar

Desde Bernard Hinault, ningún francés ha vuelto a ganar el Tour. Más de cuarenta años después, un muchacho de 19 años llamado Paul Seixas ha devuelto al país un sentimiento casi olvidado: la esperanza. Aunque tampoco conviene exagerar. Seixas no sale en Barcelona para ganar la carrera ciclista más importante del mundo; ni siquiera sería justo pedirle que lo intentara en su primera participación en una vuelta de tres semanas. Sin embargo, el lionés del equipo Decathlon concentra una atención extraordinaria, no sólo por sus magníficos resultados en el último año, sino por lo que proyecta: Francia necesita creer que algún día alguien como él podrá hacerlo. El problema para Seixas, como para Jonas Vingegaard y todos los demás líderes del pelotón, sigue llamándose Tadej Pogacar . El esloveno se ha convertido en el patrón de una época y corre ya como si el calendario internacional fuese una colección privada. Hace dos semanas dio un recital en la Vuelta a Suiza por la única razón de que le faltaba esa ronda en el palmarés. Gana clásicas, vueltas por etapas, etapas imposibles y carreras que otros reservarían para especialistas . De hecho, la ausencia por lesión de Wout Van Aert (el aventajado escudero de Vingegaard que osó vencer al esloveno en la última París-Roubaix), es una de las peores noticias previas a un Tour que nace con la pregunta habitual: ¿puede alguien impedir que ‘Pogi’ vuelva a reinar? Vingegaard lo hizo dos veces (2022 y 2023) y ha desafiado como nadie al esloveno en Pirineos y Alpes. Este año llega con una incógnita distinta: dominador absoluto del Giro de Italia, los comentaristas siguen debatiendo acerca de qué pesará más: si el impulso moral de quien ha acrecentado su prestigio con otra pieza mayor o el posible impacto físico del doblete. El equipo Visma deberá decidir cuánto controla, cuánto arriesga y cuánto protege a su líder en una carrera que, con Pogacar delante, rara vez concede tardes tranquilas. Y sin la garantía de Van Aert. El recorrido invita desde luego a que la carrera no conceda demasiada tregua . La salida en Barcelona es ya una contrarreloj por equipos (la primera desde 2019) con el trasfondo olímpico de Montjuïc. El recorrido de este año ha sido elogiado por los especialistas; es muy montañoso y parece diseñado para escaladores, con pocas etapas llanas puras y una acumulación de llegadas en alto que invita a la ofensiva. El doble paso por Alpe d’Huez en las jornadas antepenúltima y penúltima asegura un cierre simbólico y dramático: cualquier líder puede ganar —o perder— el Tour en su ascensión más legendaria. Para el ciclismo español, el nombre propio es Juan Ayuso , de quien la afición espera una actuación no sólo talentosa, sino por fin estable dentro de la elite. Quizá sea fantasioso considerarlo candidato al podio, pero su figura necesita un buen resultado para consolidarlo como la gran estrella patria ante la falta de Carlos Rodríguez, Enric Mas y Mikel Landa, ausentes de una ronda donde tampoco estarán Iván Romeo y Pello Bilbao (en el año de su retirada). Una incógnita interesante de este Tour es precisamente el equipo de Ayuso, el poderoso Lidl-Trek, tan repleto de figuras (Pedersen, Gee, Skjelmose) como escaso de jerarquía y consenso interno. Ayuso sucumbió con demasiada claridad ante Isaac del Toro en el reciente Tour Auvergne – Rhône-Alpes. Y el mexicano encarna, de hecho, otra duda: ¿puede un gregario de Pogacar aspirar al podio? Por piernas, nadie duda de que el mexicano sólo tiene por delante al esloveno y a Vingegaard (quizá con permiso de Lipowitz y Evenepoel o el veterano Roglic). Pero no se alcanza el cajón del Tour sólo con piernas. Hace falta que la carrera se abra en el momento justo y que la estrategia del equipo permita alegrías secundarias. Movistar llega con menos ruido que otros años , lo cual no parece una mala noticia. Sin Enric Mas, el equipo cambiará de registro; Cian Uijtdebroeks ha asumido el liderazgo y alrededor hay corredores para buscar presencia, fugas y etapas. El equipo buscará volver a ser reconocible en el Tour, no necesariamente por una obsesión con la general, sino por intervenir en la carrera. Sus principales candidatos a levantar los brazos en alguna meta serán Raúl García Pierna, Pablo Castrillo, Einer Rubio y Javier Romo. Aficionados y periodistas esperan sorpresas que pongan a prueba la superioridad en ocasiones insultante de un corredor que aspira a ingresar en el ‘Club de los Cinco Tours’ (Merckx, Anquetil, Hinault e Indurain) y lanzarse definitivamente a la eternidad. No sólo existen las odiosas caídas; llegarán el viento, los abanicos, las averías, las pájaras y la soledad de la montaña… Pogacar es el favorito absoluto, pero será interesante comprobar si Vingegaard, Seixas o algún tapado se atreven a correr como si no lo fuera.

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Author: Pablo Perez