Trump defiende su llamada a la FIFA por Balogun: «¡Eso no era una falta!»

Donald Trump convirtió este lunes una expulsión de fútbol en un asunto de Estado. Desde la Casa Blanca, el presidente defendió personalmente su intervención ante la FIFA para revisar la sanción impuesta a Folarin Balogun , delantero de Estados Unidos, y dejó claro que considera que el organismo rectificó una injusticia antes del decisivo partido de este 6 de julio contra Bélgica, en Seattle. Trump admitió que al principio no comprendió el alcance de la tarjeta roja mostrada a Balogun en el encuentro contra Bosnia y Herzegovina. «No sabía qué demonios era una tarjeta roja», dijo. «Cuando descubrí lo que significaba, dije: Tienen que estar de broma. Eso no era una falta». La roja implicaba que Balogun no podría disputar el siguiente partido del Mundial. Eso bastó para que el presidente decidiera intervenir. «Sí, pedí una revisión a la FIFA», admitió. La suspensión de un encuentro fue finalmente dejada en suspenso y Balogun quedó habilitado para jugar contra Bélgica, una decisión que ha desencadenado una protesta formal de la federación belga y ha abierto una polémica sobre la independencia de los órganos disciplinarios de la FIFA y sobre la relación de Gianni Infantino con Trump. Trump defendió su actuación como la reacción de un simple aficionado que había visto una jugada claramente mal arbitrada . «Vi la acción, y soy una persona a la que le encantan los deportes», afirmó. «Eso no fue falta. Ni siquiera fue una infracción». Trump llevó su defensa al terreno político al asegurar que, si la expulsión se hubiera mantenido y EE.UU. perdía ante Bélgica, habría denunciado «un fraude», como hizo con las elecciones de 2020. «Le habrían quitado a EE.UU. a uno de sus mejores jugadores por algo que no era ni falta. Eso habría sido una mancha sobre el Mundial», afirmó. Y lanzó una advertencia a los belgas: «Si Bélgica gana esta noche, que esté muy orgullosa. Pero que gane en el campo, contra nuestro mejor equipo». Comparó esa expulsión con eliminar a Cristiano Ronaldo en cualquier partido. El presidente sostuvo que Balogun y el futbolista bosnio implicado en la acción chocaron mientras corrían a gran velocidad y que la revisión de vídeo ofreció una imagen engañosa. «Eran dos grandes atletas que iban a toda velocidad y quedaron enganchados», explicó. «Si lo ves a velocidad normal, parecen dos jugadores que chocan. Si lo paras una fracción de segundo, parece otra cosa». Trump centró sus críticas en el árbitro , Raphael Claus, al que acusó de haber tomado «una decisión que nadie podía creer». Fue más lejos al insinuar que el colegiado tenía antecedentes dudosos. «Este árbitro es un poco sospechoso si revisas su pasado», dijo, sin aportar pruebas ni aclarar a qué se refería. Claus fue llamado en 2024 a declarar ante una comisión parlamentaria brasileña que investigaba manipulación de partidos y apuestas deportivas. El hecho de que fuera convocado alimentó ahora en redes la versión de que estuvo implicado en amaños. Pero él no fue acusado, sancionado ni declarado culpable. Después el presidente presentó a Balogun como una pieza imprescindible para la selección estadounidense. «Es nuestro mejor jugador , o uno de nuestros mejores jugadores», afirmó. A su juicio, impedirle jugar una eliminatoria mundialista por una acción que considera accidental habría sido «muy injusto» y habría perjudicado al propio torneo. La Casa Blanca ha tratado de describir lo ocurrido como una petición limitada de revisión. Trump insistió en que no solicitó una excepción para EE.UU. ni pidió que la FIFA ignorara sus reglas. «Todo lo que hice fue pedir una revisión», dijo. Pero una detallada información publicada por The Wall Street Journal dibuja una intervención más amplia. Según ese diario, después del partido se activó una campaña desde la Administración para intentar levantar la sanción. El secretario de Comercio, Howard Lutnick, y Andrew Giuliani, director ejecutivo del grupo de trabajo de la Casa Blanca para el Mundial, habrían organizado conversaciones con Trump y otros responsables. También se habrían buscado abogados próximos al presidente para estudiar cómo impugnar la decisión. Trump habló personalmente con Infantino, el presidente de la FIFA, con quien mantiene una relación cercana. Según el Journal, Infantino aceptó estudiar el asunto y, días después, comunicó que la sanción quedaba suspendida. La FIFA habría recurrido a una disposición de su reglamento disciplinario, el artículo 27, que permite margen de discreción al comité encargado de revisar castigos. Trump celebró la decisión como una victoria . Agradeció a la FIFA «hacer lo correcto» y afirmó que su respeto por Infantino había crecido tras la revisión. Para él, el caso demuestra que el torneo está siendo seguido con una intensidad inédita en EE.UU. y que no podía quedar marcado por una expulsión que considera absurda. Pero para Bélgica el problema no es solo Balogun. Su federación ha recurrido la decisión y ha denunciado que se enteró del cambio por los medios de comunicación. También sostiene que la FIFA no le facilitó una explicación completa ni la documentación necesaria para entender por qué se suspendió una sanción automática a pocas horas de un partido de eliminación directa. El seleccionador belga, Rudi Garcia, ha ironizado con que el episodio parece una broma del Día de los Inocentes en pleno julio. El técnico noruego Stale Solbakken lo calificó de «mala, mala, mala, mala, mala decisión» y advirtió de que, si EE.UU. avanza, la polémica acompañará al equipo durante el resto del Mundial. Mauricio Pochettino, seleccionador estadounidense, ha defendido que la tarjeta roja nunca debió mostrarse. Pero ha evitado respaldar claramente la intervención de Trump. «No somos víctimas», dijo. «Pero tampoco somos los malos de esta historia». Esta noche, Balogun podrá jugar contra Bélgica salvo que la apelación belga produzca un giro de última hora. En el césped se decidirá quién accede a los cuartos de final. Fuera del campo, el episodio ya ha dejado una cuestión incómoda para la FIFA: si una llamada del presidente del país anfitrión puede terminar alterando una sanción deportiva en pleno Mundial. Trump dice que solo pidió una revisión. Sus críticos ven una Casa Blanca movilizada para proteger a su selección y una FIFA demasiado dispuesta a escuchar al presidente estadounidense. Balogun llega así al partido no solo como uno de los jugadores clave de EE.UU., sino como el centro de la mayor controversia política del torneo.

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Author: Pablo Perez