España ya está en la final y su victoria contundente frente a Francia se vivió con especial pasión en Nueva York: la Selección viene a su casa para tratar de levantar su segunda Copa del Mundo. La fecha y el lugar marcados en la cabeza de todos los equipos que han venido al Mundial era este domingo 19 de julio y el estadio de Nueva York/Nueva Jersey, donde se disputará la gran final. España logró el billete en un partido brillante y la comunidad española de la Gran Manzana se preparaba para recibir a sus héroes en cuanto doblegó a Francia. «Yo voy a vender un riñón y voy a ir a verlo», aseguraba a este periódico Diego, exultante tras haber visto el partido contra Francia entre cientos de españoles en la Spanish Benevolent Society , también conocida como La Nacional, un emblema histórico de la comunidad española en Nueva York. «La verdad es que no creía que esto fuera a pasar», añadía sobre la victoria contra Francia. La Nacional es un reducto de lo que fue ‘Little Spain’ , la Pequeña España, la principal comunidad de la inmigración española. A mediados del siglo XX, estas calles estaban llenas de restaurantes, comercios y negocios de españoles. La Nacional es la institución española más antigua en EE.UU. Se creó para asistir a los inmigrantes y ser un punto de conexión entre la comunidad. Lo sigue siendo a día de hoy y el fútbol y la Selección también sirven para ello. «Tenemos la suerte de vivir en Nueva York», decía Iván, un joven español que se mudó aquí el pasado septiembre. «Vamos a tener en nuestra ciudad a España en una final y dentro de cuatro años tendremos el Mundial en casa. Es mucha suerte». Iván se fue a ver a España al partido de octavos en Los Ángeles, contra Bélgica «a última hora». Tras la victoria contra Francia, miraba en el móvil junto a Diego los precios para tener una de las cerca de 80.000 butacas del estadio Nueva York/Nueva Jersey. Una plataforma daba que la entrada más barata estaba a 10.000 dólares; en otra, a casi 6.000 (los últimos precios que han visto este periódico, en las zonas más altas del estadio, están a 7.500 dólares la más barata). «Duele pero igual lo hago», aventuraba Iván. Otros esperaban tener más suerte. Jorge, de Zaragoza, que se pasó todo el partido sin parar de animar desde la acera de una calle de Nueva York, confía en que le llegue una entrada de un grupo de aficionados – Furia Española – que recibe entradas de la Federación. «Tengo el número cien en la lista de espera», aseguraba. «Si no, estaré aquí apoyando a la Selección a muerte con mis amigos», añadía este joven, que asegura que estará toda la semana «a tope» con España, yendo a apoyar al equipo en el hotel que se queden, acudiendo a eventos, lo que haya. «Aquí en La Nacional también vi el otro Mundial, el que ganamos, en 2010», contaba Laura, de Madrid, mientras celebraba la victoria de España pegándole un mordisco a un bocadillo de jamón. «Estando aquí se siente aún más», aseguraba sobre lo emocionante de vivir el Mundial en el lugar de la final. «Lo importante es que estamos en la final», defendían Iñaki y Alejandro, que son de la peña del Atlético de Madrid de Nueva York y que ya daban por descontado que no irán a la final de España, aunque España haya venido a ellos. «Me lo planteé hasta que vi los precios. Este Mundial no está dando facilidades», criticaba sobre algo que quedará como una de las manchas de este Mundial, los precios desorbitados de las entradas. El partido contra Francia se vio en miles de bares y de fiestas de visionado en toda la ciudad, lo mismo que ocurrirá, pero con más intensidad, en la final. Uno de los lugares en los que se desbordó la locura fue en Little Spain, el mercado gastronómico del cocinero español José Andrés, quince calles al norte de La Nacional y cuyo nombre hace referencia a aquel barrio español de antaño. Allí y en La Nacional había descendientes de aquellos emigrantes españoles que cruzaron el charco para buscar una vida mejor. Entre ellos, Chris, cuyos abuelos eran de Granada. «Me gusta la Selección desde siempre», decía con un fuerte acento estadounidense, una evidencia de cómo el español se pierde con el paso de las generaciones. Pero no necesariamente se pierde la pasión por España: «Ahora estoy emocionado de poder ver a la Selección en mi país».