William Anseume: ¿Prevenidos o improvisados ante la tragedia?

Creo que la respuesta carece de dudas. Pero no me refiero solo al endeble gobierno. Desde luego que este ha resultado culpable por omisión en todos los sentidos. Pero tampoco ha existido la permanencia de una cultura y una educación preventiva. Vivimos sobre la improvisación. Esa frase que se hizo célebre en una telenovela, parece definirnos: “Como vaya viniendo…”.

No tuve consciencia del terremoto de 1967. Era muy niño. Pero sí sabía que luego de cincuenta años de aquel evento debíamos estar alertas. Y así solía decirlo. Mi única previsión mental era la petición, a no se qué cielos, de que no me agarrara en Caracas. Mucho más vulnerable, en todo sentido, mi ciudad natal que mi lugar de habitación actual en las montañas mirandinas. Sabemos que los terremotos no se anuncian. Pero sí sabemos que estamos en una zona sísmica; no será Japón ni Chile. Pero es una zona propensa a grandes movimientos telúricos cada cierto tiempo.

¿Por qué no estar preparados? Caracas, improvisadamente, caóticamente, construida por todos lados, parecería a simple vista un desastre natural en sí misma. Se esperaría una peor consecuencia ante un terremoto y pasó poco. Pero en Vargas, ahora oficialmente -no muy aceptado, por cierto, para nadie- La Guaira, debería tener en su tradición oral y educativa una expansión mental más amplia ante estos eventos naturales. No era solo el deslave. Ya se ve, claro. En 1812 sufrió más que Caracas, igualmente. También en 1900 y 1967. ¿Y entonces? ¿No hay una respuesta permanente de sus habitantes a esa historia que debe estar en los genes?

Está bien, pueden incidir muchas razones: apartamentos más bien vacacionales, entradas, idas y salidas de sus pobladores, zona dependiente del turismo que se podría ver afectado con proyecciones de accidentes indeseables. Digan cuanto quieran, pero tendría que permanecer la idea de lugar expuesto a estas terribles consecuencias, derivadas de continuos eventos sísmicos de altas proporciones. ¿Por qué uno va a Margarita y sus lugareños piensan y dicen constantemente que la isla va a desaparecer? Porque pervive el recuerdo de Cubagua, ¿o no?

¿El gobierno? Ni hablar. Preparación para reprimir y sostenerse sí. Pero protección civil, bomberos, herramientas, maquinarias, aviones, helicópteros, refugios, hospitales, medicinas, capital apartado para emergencias… Nada de eso. Cuando se empareje la transición, habida cuenta de qué somos un país sísmico, con placas y fallas activas debajo, habrá que planificar teniendo en cuenta esta y otras realidades de las posibles emergencias. Cada vez que llueve, como ahora, se genera una, otra, tragedia. No aprendemos. Pero tampoco enseñamos. Todos incluidos.

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Author: Pablo Perez