
Otros años, por estas fechas, el expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ya estaba instalado en su lujoso chalé de la Playa de Famara, en la isla de Lanzarote. Junto a su esposa, Sonsoles Espinosa, y en ocasiones sus dos hijas, Laura y Alba, se ha convertido en habitual ver al exlíder socialista haciendo vida como uno más en este enclave paradisíaco muy frecuentado por los amantes del surf de todo el mundo, hecho que le otorga una gran discreción.
Por ABC
Zapatero, acompañado de su familia y amigos, suele pasar largas temporadas en esta vivienda fuertemente escoltada por agentes de la Policía Nacional. Su rutina allí es prácticamente cada día la misma: sale a hacer footing alrededor de las ocho de la mañana, acompañado por sus guardaespaldas, y pasadas las nueve se sienta a desayunar en el mismo bar de la zona de servicios, leyendo el periódico. Después se vuelve a resguardar en casa, descansando, y sale ocasionalmente a hacer algunas compras a otros puntos de la isla más poblados. Los días que coincidía con Pedro Sánchez allí, también era habitual que ambos despachasen sobre la actualidad política.
Los que viven en Lanzarote dicen que es habitual verle comprando en alguno de los establecimientos cercanos al aeropuerto, en concreto en una tienda gourmet de carnes y productos de alta calidad, a la que va siempre que organiza una cena especial en su villa, instaurada ya como una tradición cada verano, a la que acuden más de una decena de rostros famosos de la política y la cultura que siguen manteniendo una estrecha relación con el expresidente. Este año no habrá celebración, tampoco es que Zapatero esté para muchas.
El exjefe del Ejecutivo, según cuentan a ABC fuentes de su entorno más cercano, no viajará a la isla de Lanzarote por primera vez en más de una década. Aunque la vivienda en Famara se la compró en 2017, desde que la familia presidencial acudió por primera vez a la residencia de La Mareta, lugar de veraneo para los presidentes del Gobierno, los Rodríguez-Espinosa no han dejado de acudir a una de las islas más preciadas del archipiélago canario. El verano de este 2026, más pendiente de su horizonte judicial que de las vacaciones, será el primero que no se dejará ver por allí.
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