Alexander Zverev sigue crecido en este Wimbledon al que llegaba convertido ya en campeón de Grand Slam. Superada esa barrera mental, se ha liberado del todo: roto el límite de los cuartos de final por fin, ha alargado la confianza y la autoridad en estas dos semanas en las que no mostró dudas y sí muchísima convicción en su tenis. Del estirón, a la lucha por su segundo título grande tras el de Roland Garros, y consecutivo, tras apagar al ilusionante Arthur Fery, ídolo local que levanta esperanzas de un futuro título británico. Del estirón, también será número 2 del mundo a partir del lunes, en detrimento de Carlos Alcaraz, que prosigue adecuadamente con su recuperación. Calmado y paciente, este Zverev tiene en el golpe de derecha la temperatura de su estado de ánimo. Mejorada en los últimos tiempos, sacude con confianza y equilibra su potencial, que de revés ya se sostenía, y ahora se aúpa también desde el otro costado. Así se lo hace saber a Fery, que vive en esta edición su sueño, protagonista e ídolo que eleva las esperanzas de un campeón local por fin en la Catedral. No lo será este año, que Zverev está demasiado fuerte para el todavía inexperto en estos escenarios Fery, 23 años y 114 del mundo. Con la derecha dirige el alemán el encuentro en el primer set. Muy firme desde el fondo, pero con esos altibajos que ha aprendido a asumir. Se eleva sobre el resto y rompe el partido a su favor en el cuarto juego. Pero le entran los primeros temblores por la importancia del choque y cede después su servicio. No altera su ritmo ni su paso por la pista. Y deja que Fery se afiance después de recuperar el ‘break’. No habrá más y el set se decide en el ‘tie break’ donde Zverev aumenta el peso de la pelota y de su presencia en esta pista: mete tres marchas más y sacude sin miedo para dejar al británico en cero puntos. Un paso firme con el que continúa en el segundo capítulo, donde vuelve a encontrarle las grietas al rival, ya en el tercer juego. Pero ha aprendido a templar los nervios el alemán, que ya no se permite el bajón y reafirma su superioridad, con más presión y otra rotura, y un 6-2 firme y autoritario. Zverev ya no baja, sostenido por un saque cada vez más efectivo y que tantos puntos casi gratis le ofrece, y un Fery que intenta alargar como puede su estancia en la Catedral, pero que se va quedando sin argumentos. Aguanta cuanto puede, pero no le da ante este Zverev que ya ni tiembla ni lo acosan los fantasmas. Ya es un campeón de Grand Slam y como tal termina: sin temblores, sin fantasmas, a lo grande: finalista de Wimbledon, a la caza de su segundo gran título, y consecutivo. Y del estirón, también ya impulsado a la segunda posición de la ATP a partir del lunes. «Es increíble, estoy muy orgulloso porque es donde más me ha costado siempre. Estoy muy feliz por mí y por mi equipo.