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Edición en español Martes 1 de septiembre de 2026

Cómo es pasar una noche bajo llave en la iglesia más sagrada de Jerusalén

Peregrinos cristianos ortodoxos sostienen velas durante la ceremonia del Fuego Sagrado en la Iglesia del Santo Sepulcro, el sábado 11 de abril de 2026, en la Ciudad Vieja de Jerusalén. (AP Foto/Mahmoud Illean, archivo)

 

 

 

Las enormes puertas fueron cerradas, los cerrojos metálicos asegurados desde el exterior, y varios clérigos, peregrinos y una periodista —yo— permanecimos encerrados durante la noche en uno de los lugares más sagrados del cristianismo en Jerusalén.

Por AP

La iglesia del Santo Sepulcro fue construida sobre los sitios donde los cristianos creen que Jesús fue crucificado, sepultado y resucitó de entre los muertos.

A lo largo de muchos siglos, cuando gobernantes musulmanes administraban esta región y los cambios políticos afectaban la influencia de los poderes religiosos, surgió un acuerdo tan singular como la arquitectura heterogénea de la iglesia. Actualmente, las Iglesias apostólica armenia, la católica y la ortodoxa griega comparten la propiedad y el uso de este espacio de culto.

A través de una pequeña abertura en la puerta observé al representante de una familia musulmana —a la cual se le han confiado las llaves de la basílica desde el siglo XIII— subir por una pequeña escalera de madera para alcanzar el cerrojo superior. Luego pasó la escalera de nuevo a través de esa misma abertura, la cual un sacerdote ortodoxo griego también cerró con llave. Otro nos dijo en inglés “¡buenas noches!” antes de marcharse apresuradamente.

La mayoría de las noches, desde las 9 hasta el amanecer —cuando las puertas se vuelven a abrir con la misma ceremonia—, aproximadamente una docena de sacerdotes, un puñado de peregrinos registrados y algunos gatos tienen para sí solos la vasta y oscura basílica.

Mientras los sacerdotes y algunas monjas se dedicaban rápidamente a descansar o a sus tareas cotidianas, a nosotros, los visitantes, nos tomó unos momentos de silencio y contemplación decidir siquiera por dónde empezar a recorrer aquel espacio venerado y laberíntico.

Una experiencia de oración única en la iglesia más sagrada de Jerusalén

Peter Stängle, un peregrino de Brasil, rezaba una y otra vez arrodillado. Sus antebrazos tatuados y su frente descansaban sobre la Piedra de la Unción, donde se cree que el cuerpo de Jesús fue preparado para la sepultura.

“Pasa mucho por mi mente… lo que hice mal en mi vida. ¿Existe salvación para todos, quizás incluso para mí?”, expresó.

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