Mezcla las clases del colegio con los entrenamientos en el mar. Es muy buena en la primera y una de las mejores del mundo en la otra. Y la combinación, por el momento, es perfecta para la gaditana Sofía Ginzinger , bronce mundial de wingfoil tras la última prueba celebrada en Fuerteventura. «Han sido unas semanas muy intensas de entreno y de competición pero estoy muy contenta. Llegar a las cuatro finales de la Copa del Mundo es increíble». Sofia tiene doce años y casi todos los ha pasado encima de una tabla. Con esa facilidad que da el talento y el juego Ginzinger explica que su deporte, claro, «es muy simple»: «Es un foil debajo del mar que navega, tú estás subida a una tabla y tienes una vela en la mano que te da potencia para volar, para que el foil salga a medias del agua. Y cuando saltas ya puedes hacer tu truco en el aire. No es un deporte muy difícil de aprender, pero hay que ponerle horas de entreno». Sencillo de explicar y también de ejecutar, merced a las marcas que ha tenido esta temporada y que la han llevado hasta la tercera posición. «He aprendido mucho; ha habido bastantes competiciones que han sido experiencias muy buenas, visitando sitios nuevos y conociendo gente nueva. En las pruebas soy la más joven, pero lo que después cuenta es quién hace los trucos mejor. Y yo me siento una más», desarrolla y aclara que una vez salen del agua, las rivales son también amigas. Se ha recorrido medio mundo, y se ha saltado alguna que otra clase. Aunque Tarifa es su lugar favorito: «Es como mi casa, navego ahí todos los días». Aprende de cada prueba a la que va. De cada salto, de cada ola, de cada ráfaga de viento. Incluso de las que podrían asustar a cualquiera. No a ella. «En Gran Canaria quedé tercera, fue una experiencia terriblemente buena. Las condiciones de viento eran muy fuertes y las olas eran muy grandes, pero estamos acostumbrados porque en Tarifa también hay muchísimo levante muy fuerte y me fui muy contenta», explica sobre uno de sus últimos torneos. Porque el miedo no entra en juego cuando sale a navegar. «Cuando empiezas en wingfoil no tienes miedo porque al principio solo navegas con la vela, no vuelas, solo si empiezas a subir el nivel. Además las condiciones cambian mucho. Como ya estoy acostumbrada no me dan miedo las olas ni el viento. Me encanta navegar y hacer trucos y hacer carreras largas, pero también la competición. En el agua no me siento nada sola; es una sensación muy buena», sentencia antes de asegurar: «Es más difícil un examen sorpresa que las olas». Para Ginzinger, el mar, el viento, la playa, son su patio de recreo. Donde se divierte con amigas de clase que también se dedican a este deporte, donde observa las condiciones y ya ve si podría o no hacer alguno de los trucos, donde aprende y crece con su hermano, también rider. «Aprendo de personas que son mejores que yo porque los trucos van subiendo de nivel. Y también de mi hermano. Me ayuda mucho cuando estoy en el agua, y también mi padre, que me dice cómo tengo que mejorar. Con mi hermano no nos picamos mucho en el agua; me enseña maniobras, o yo también le enseño algo. Cuando no hay torneo oficial y hay alguna minicompetición siempre gana uno o el otro. Nos divertimos mucho». Si se cae, también tiene una respuesta simple: se levanta. «Cuando entro en el agua casi nunca estoy nerviosa. Voy adentro para divertirme y dar lo mejor. Los trucos los tengo bien entrenados y en el agua no me desconcentro. Cuando no te sale un truco, siempre tienes nuevas oportunidades. En Fuerteventura el primer salto no me salió bien pero tuve otras opciones y llegué a la final. Tienes que seguir luchando. No te puedes rendir en medio de una prueba». Simple. Al principio, como todo, solo era un juego, pero empieza a notar que ya es algo más, como señala en conversación con este periódico. El móvil, por el momento, es el de su padre. «Aunque lo más importante es divertirse en el agua y sigue siendo un hobby, ahora es un poquito más que un juego. También ahora tengo más apoyo de los patrocinadores, como Gong». Una marca que la ayuda para los viajes y mejora de material y que solo selecciona a los mejores riders del mundo. Como Sofía Ginzinger, bronce mundial en wingfoil, con 12 años. Y que termina la conversación con otra frase simple: «Me siento libre en el agua. Cuando haces un truco hay que concentrarse en cómo hacerlo mejor, pero cuando solo sales a navegar… eres como libre». Y a seguir jugando.