Llevamos unos años en el panorama español en los que la vela ha pasado de ser la «crem de la crem» a ser puro trámite «tortillero». Sí, de regatas malas, sin calidad, tortilleras y sin ningún valor añadido para los patrocinadores. La vaca ya no da más leche y solo la sigue ordeñando el que tiene la habilidad de agarrarse a un padrino, que poco a poco se va terminando.
¡Que alguien me diga de qué regata a nivel internacional podemos presumir! ¿Dónde están aquellas regatas en la que los armadores de este país eran respetados por los extranjeros? No hay ni una sola. Lo clubes se duermen en los laureles, se han hecho «vagos» y se conforman con organizar eventos con los barcos de su propia casa. Exceptuando la Copa de Rey, que tiene mucha cantidad, pero poca calidad, todo lo demás suena un tanto regional. Me gustaría mucho saber dónde ha quedado aquella Semana Internacional de El Puerto de Santa María a la que acudíamos todos tras «pelearnos» en la Copa del Rey; o aquel Trofeo Príncipe de Asturias, que nos ponía a prueba a las tripulaciones frente a las islas Cíes; o las tres legendarias regatas canarias, que cerraban la temporada y a las que acudíamos, con mala o buena mar, navegando porque merecía la pena. No digo ya nada de aquella regata de Málaga, o la de Alicante, que se ha convertido en el hazmerreír de las del Levante; o la de Castellón, con aquellas socias del Real Club Náutico que vestían sus mejores galas y pamelas cuando disputábamos aquellas mangas en la Costa de Azahar.
Solo nos queda agarrarnos a regatas de J80 en Santander y Canarias y de J70 en Galicia para poder disfrutar de algo de calidad. Está todo manga por hombro, como también lo está la vela a nivel internacional. Nuestros mejores regatistas han emigrado a los Maxis, o a los equipos de tierra de los TP52 dejando un vaso vacío que antes estaba a rebosar.
Es cierto que para volver a lo que había antes _ya nunca volverán esos tiempos_ hace falta patrocinadores que aporten dinero, pero éstos han huido como alma que coge del diablo porque están esquilmados y apuestan por otros deportes.
Ni la Federación es capaz de captar a alguna multinacional que le aporte serenidad a su equipo olímpico. Es una vergüenza que solo algunos privilegiados del equipo preolímpico cuenten con el patrocinio de una gran empresa mientras que sus compañeros, que navegan al lado, no tienen donde caerse muertos. En fin, que nosotros le dimos la vida y nosotros la matamos mientras alguno se enriquece sin aportar ninguna gloria.