¡Solo pueden quedar cuatro! Ni uno más, ni uno menos. Es el número elegido. En esta ocasión, claro, porque hubo un tiempo en el que se visualizaba otra cifra. El ocho. Justo el doble. Curioso. Pero no, esta vez, al tándem formado por el actual gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, y la «jefa» del Ministerio encargado de la cuestión, Nadia Calviño, le gusta el cuatro. Un número que para los expertos en la ciencia que los estudia, la numerología, simboliza lo estable, lo ordenado y el constructor. Hablo lógicamente del futuro, eso sí más bien de largo alcance, del sector bancario español. Porque se avistan movimientos, pero aún están muy verdes.
Aún recuerdo cuando el actual vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), entonces ministro de Economía y Competitividad con Mariano Rajoy, Luis de Guindos, confiaba en el 8 como la cifra mágica para la estabilidad del sistema financiero en España. Hoy, por cierto, más cerca de alcanzar esa cifra que, por supuesto, de cuatro. Básicamente, quedan doce. Y como decía, que en esas andaba De Guindos cuando se fue a Fráncfort.
Y es que esta semana volvían a sonar tambores de fusión a la vista. Entre dos bancos medianos -de los conocidos como «los siete enanitos», que ya no son tal, por cierto, porque uno de ellos, BMN, se integró finalmente en Bankia a principos de este año-. Ahora, se trata de Unicaja y Liberbank, que reconocen estar negociando. El primero, lógicamente, se zamparía al segundo. Así es que se avistan dos más que posibles ampliaciones de capital para firmar la operación, aunque lo nieguen los protagonistas.
Pero aún es pronto. Unicaja, tras su flirteo eterno con Banco
Popular (engullido hace año y medio ya por Banco
Santader) -que estuvieron a puntito de formar el que hubiera sido el quinto grupo bancario español por activos, con alrededor de 212.000 millones de euros-, ha hecho sus cuentas y le salen. El objetivo, como el de todos por otra parte, es aumentar rentabilidad y cumplir demás ratios para seguir concediendo crédito. Por el bien de la salud del sistema en su conjunto. Y para sobrevivir, claro. Y con Liberbank iría en el buen camino. Una fiesta a la que posteriormente, dicen por ahí, se podría unir Ibercaja. Lógica, por juntar tamaños, tiene. Y al Banco
de
España, le agradaría más aún si cabe que la opción de una unión a solo dos bandas.
Ahora bien, la gran lucha está por la parte de arriba del ranking. Con los mismos retos que los medianos, BBVA, Caixabank, y Banco Sabadell. ¿Y en qué momento están? Pues eso, hablando todos con todos. Como desde que estallara la crisis y con el objetivo de devolver las ayudas recibidas para salvar a Bankia, primero, para estabilizar al sistema, después. Hay tantas opciones como cruces de bancos posibles, o alguno ya solo con lo que haya engullido hasta hoy. Pero para muchos la clave está en quién termine por integrar a Bankia, ya rentable, solvente y sólida. O eso dicen en el sector. A bote pronto la mayoría da por descontado que BBVA se hará con la nacionalizada. Con su próximo presidente -desde el próximo uno de enero-, Carlos Torres, de primer ejecutivo, y con José Ignacio Goirigolzarri, presidente de Bankia, de vicepresidente del nuevo «monstruo» bancario. Pero otros tantos también ven con opciones a Banco Sabadell, con su consejero delegado, Jaime Guardiola, capitaneando la posible operación de asalto a Bankia, ya habiendo descartado la obsesión en el pasado más inmediaato de su presidente, José Oliu, por Banco Popular.
El caso es que el BCE no hace más que instar a la banca europea – a TODA- a acometer grandes fusiones transfronterizas. La consolidación, piensan en las altas instancias por tierras del Viejo Continente, ayudará al sector no sólo a ganar eficiencia y rentabilidad, sino también a dotarse de la escala necesaria para desenvolverse en el nuevo entorno competitivo global. «Necesitamos campeones europeos, jugadores globales que puedan atender las necesidades de las grandes empresas europeas y competir con éxito contra otros jugadores financieros a nivel mundial», ha reiterado en varias ocasiones Danièle Nouy, presidenta del Supervisor Único. Pero nada. No se mueve nada de nada. Solo en España.
Sumen pues. ¿Nos quedamos con cuatro? ¡No nos queda otra! Pero, ¿y por qué España sí tiene que satisfacer los deseos de las autoridades monetarias de dentro y fuera del país, llegando al cuatro, y el resto de los países bajo supervisión europea, con un tamaño considerablemente mayor, ni se medio acercan ni hacen medio esfuerzo por alcanzarlo?
Ahora bien, pase lo que pase, casi que prefiero quedarme con el significado del cuatro tal cual lo intuye la numerología y no con la «tetrafobia» que existe allá por el mundo oriental, donde muchos tienen auténtica aversión o miedo al número cuatro. Es una superstición muy común en el este asiático, especialmente en países como China, Japón, Corea, Vietnam y Taiwán tanto como en el sudeste asiático. Probablemente dicha aversión se origina en el hecho que la palabra china que se usa para el cuatro, suena muy parecido a la palabra que se utiliza para ¡muerte! ¡Uf! Lagarto, lagarto… y si no, pues nos quedamos en uno más y arreglado… o no. ¡Arranca el baile! ¡Que suene la música! Solo pueden quedar… ¡cuatro!