El trabajo honesto no es motivo de deshonra. Todo lo contrario, enaltece y forma ciudadanos independientes, capaces de valerse por sí mismos sin necesidad, por ejemplo, de recurrir al Estado para satisfacer sus necesidades más básicas. Para quien nunca ha trabajado es difícil entender esto, es lógico entonces que desarrollen una especie de fobia a todo lo que implique esfuerzo y sacrificio. Una gran parte del madurismo, para no decir todos, sufren de esta fobia, el máximo exponente de lo que esto significa es precisamente el dictador Nicolás Maduro. Un “Reposero” , como lo bautizaron sus ex compañeros de trabajo de tantos reposos falsos que metía para no ir a trabajar, pero no solo nunca trabajó, sino que desprecia a quienes lo hacen.