Entramos en el tiempo absoluto donde las palabras no significan nada desde el punto de vista del poder. Sucede así, por ejemplo, con el vocablo “ajuste”, que en realidad significa “recorte”, pero que ahora se emplea para convencernos de que “ajustar” es volver a lo justo, a lo normal, a lo que debe ser. Por tanto, se dice, hemos de ajustarnos a lo que el poder o el Gobierno, nos dice que tenemos que hacer.