A veces tengo la sensación de que poseemos una visión distorsionada de la realidad, a tal modo, que experimentamos una especie de mutación psicológica. Una impresión turbia que ahora es absurdo ser feliz. Que todos son nuestros enemigos y, quienes tiene el derecho de resolver los enredos, nos lanzan soporíferos discursivos para calmar nuestras angustias difíciles de amainar.