Era el comienzo del 25 de agosto del 2012, 12:45 am, suenan los teléfonos, celulares, y todos me hacían la misma pregunta: ¿que pasó en Amuay?. Para mi, nuestro equipo de trabajo y todos los que laboramos en el Centro Refinador Paraguaná ya sabíamos lo que significaba una explosión que se escuchó a cientos de kilómetros. Era un anuncio de que hasta allí había llegado la refinería más importante y más productiva de Venezuela, era el anuncio de la debacle de una de las empresas petroleras más prestigiosas del mundo.