De grandes problemas de la corrupción, se ha hecho la historia del poder en Venezuela y en el mundo, pero debemos hacer – por lo pronto – tres distinciones que ayudan a minimizar o solventar el flagelo cíclicamente. La primera, la capacidad de indagarlos y denunciarlos, gracias al cabal ejercicio de la libertad de prensa y el eficaz funcionamiento de las instituciones parlamentarias. Segunda, la existencia de una convincente administración de justicia que investiga y castiga. Y tercera y final, la naturaleza del delito mismo que hace relativamente sencillo el esfuerzo de saneamiento de la administración pública.