En la serie de notas sobre Estado capturado bajo riesgo de convertirse en “Estado reconfigurado” por el crimen, el lunes 26 me referí a los antecedentes, en la transición democrática, que dieron paso al Estado capturado por la debilidad de los emergentes partidos democráticos, sin que entendieran muy bien los significados de la etapa histórica que se abría. Continúo con la entrevista de Enrique Naveda, director de Plaza Pública (Bestiario del poder, F&G Editores, febrero 2012), con algunas apostillas.
Enrique Naveda: Hay una opinión que le da la vuelta a la tesis del Estado cooptado. Se ha dicho que antes el crimen organizado usaba al Estado para sus propósitos, pero que ahora está involucrado, internado en el Estado, y que es la parte criminal del Estado la que usa al crimen organizado externo para sus propósitos.
Édgar Gutiérrez: Aceptemos provisionalmente esa tesis. Estamos describiendo un Estado cooptado en áreas estratégicas; sin embargo, todavía no reconfigurado. La reconfiguración pasa por la legalidad y la legitimidad. Unas nuevas reglas que son acatadas y se consideran buenas.
EN: Esa descripción supondría, me parece, que cuadros directivos y ejecutivos del crimen organizado han alcanzado cargos directivos y ejecutivos del Estado y que han quedado atrás los tiempos en que sólo contaban como peones. ¿Cree que la tesis es certera y que se trata solo de un paso previo para la reconfiguración?
EG: Depende de la perspectiva estratégica con la cual asuman su proyecto. El indicador es si invierten en formar cuadro de alto nivel, como en Colombia. A juzgar por el carácter excesivamente familiar de todos los proyectos de poder, sus ambiciones tienen bases endebles, poco institucionales y su eficiencia depende de factores de corto plazo.
[Si Enrique me hubiese hecho hoy la misma pregunta, le respondería así: El gobierno del PP, 2011-2015, refleja de cuerpo entero esa descripción. En ese periodo, inadvertidamente para la opinión pública, el Estado guatemalteco alcanzó la etapa simbiótica de su relación con el crimen. Se nutrían mutuamente y era difícil trazar una clara línea divisoria entre estos. La CICIG interrumpió su maduración, pero, un año después de que la Comisión fue desmantelada, percibo signos de que el proyecto se ha retomado, aunque no de la misma manera. Por el momento solo muestran un voraz apetito de dinero, y están ansiosos de cooptar las cortes de justicia para garantizar su impunidad. Pero no tardará en aparecer la mente maestra encargada del diseño de reconfiguración; si no en esta legislatura, cuyo nivel de aprobación popular es apenas de un dígito, en la siguiente. Tendrían que elaborar una estrategia comprehensiva y mantener una ventaja estratégica: que el sector privado poderoso y radical permanezca durante los próximos tres años con la herida abierta de la CICIG, CC y FECI, y, ofuscado, siga recreando la Guerra Fría.]
EN: En el último par de años [se refiere a 2009-2011] ha ganado importancia la idea de que varias dificultades políticas por las que atraviesa Guatemala se deriva de la colisión entre grupos económicos tradicionales y emergentes. ¿Es una hipótesis cierta y sólida?
EG: El primer choque de trenes ocurrió en el gobierno de Jorge Serrano (1991-1993) y los grupos tradicionales salieron triunfantes, hasta “depuraron” [acabaron con] la clase política, se prestigiaron patrocinando [hasta cierto margen] la libertad de expresión [y tejieron alianzas] con sectores de la sociedad civil.
[Mi respuesta a Enrique Naveda sobre la relación entre actores tradicionales y emergentes explora otros factores, que retomaré en mi nota del lunes 2 de noviembre.]