A los oídos del alcalde Ricardo Quiñónez

Estimado Ricardo, con la confianza que me da el conocerlo personalmente, me permito hacerle una sugerencia que si le parece seguramente todos los vecinos de la ciudad se lo agradeceremos mucho. Para ponernos en contexto debo mencionar que yo me siento a gusto viviendo en esta ciudad que es considerada por  los que la visitan como una de las capitales de Latinoamérica más limpias, algo que inició el fallecido alcalde Álvaro Arzú, y que usted diligentemente ha continuado. Me siento también muy orgulloso de vivir en la Capital más verde de Centro América y la región. 

Dicho lo dicho, debo reconocer que como en todas las grandes ciudades  hay problemas que afectan a parte o a la población entera. Son muchos los problemas que la Corporación Municipal debe ir resolviendo, por supuesto que nadie culpa o felicita a los síndicos o concejales; nadie sabe  sus nombres, la felicitación o la censura, van para el alcalde. Si convenimos que lo anterior es verdad, también hay un problema que está pendiente de resolverse y que dadas las circunstancias ahora se puede resolver satisfactoriamente. Me refiero al tránsito vehicular que se había vuelto un martirio para todos sin excepción y ya que con la pandemia que asola al mundo se han tomado medidas draconianas para contener la propagación del  “COVID-19”, entre las medidas está la de limitar el tránsito de los autobuses, conocidos como “Tomates”. Desde el día que se prohibió la circulación de esos viejos autobuses, todos en muy mal estado y que han prestado un pésimo servicio, y que no han sido renovados desde que el alcalde Óscar Berger los introdujo hace un cuarto de siglo. En su momento fueron algo bueno para los usuarios pero hasta antes del “COVID-19” eran una porquería donde cobraban dos o cinco quetzales y de noche hasta 10, para llevar a los pasajeros en unos cacharros asquerosos, sin asientos dignos de llamarse así. Además la mayor parte de los usuarios viajaban  de pie y donde la ‘catizumbada de gente’ va ‘apeñuscada’ sin pudor alguno. A lo anterior debe agregarse el abuso de los Brochas’ de quienes se sospecha complicidad con carteristas y asaltantes. Esos “Tomates” ‘shucos’ aparte de lo que cobran reciben un enorme subsidio pero siguen dando un pésimo servicio. 

Por el “COVID-19” se prohibió la circulación de los “Tomates”; sin embargo la vida de la ciudad continúa. Hice un sondeo con dos empleadas domésticas, un albañil, un carpintero y un jardinero, ninguno de ellos tiene moto u otro vehículo y todos coinciden en que se pueden movilizar en taxis colectivos pagando cinco quetzales y en moto-taxi pagando menos. El servicio es rápido, mucho más cómodo y seguro. Ahora el gran beneficio para la ciudad es que el tránsito se “alivió” sin los “Tomates”, en lo personal lo he vivido en un recorrido que me tomaba  cuarenta y cinco minutos ahora lo hago, en mi carro, en quince minutos. No hay ‘atoradera’ en los cruceros porque no hay un “Tomate” que se quede parado sin respetar ni a los otros vehículos ni a las leyes de tránsito. Señor alcalde elimine los “Tomates” y los ‘chapines’ se lo agradeceremos.

P. S. Felicitaciones a los Lics. Roberto Molina Barreto y Luis Rosales, por su llegada a la CC.          

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Author: Maria Suarez