En Deuda la Credibilidad del Banguat

La credibilidad de un banco central va más allá de su capacidad para alcanzar las metas de inflación que se ha trazado; la credibilidad de este tipo de instituciones depende también de la forma en que impone su autoridad técnica en otros campos. En tal sentido, sorprende la complacencia de la alta dirigencia del Banguat ante una riesgosa política fiscal que pone en serio peligro los más importantes equilibrios macroeconómicos. La actitud asumida por estos funcionarios públicos en relación al crecimiento desmedido de la deuda pública resulta impactante, sobre todo cuando, al mismo tiempo, mantienen una ortodoxia extrema respecto a temas claves que merecerían ser considerados desde una perspectiva menos intransigente. Si sus decisiones pasadas en materia de control de la inflación, fijación de la tasa líder de interés y manejo del tipo de cambio hubieran sido más pragmáticas, posibilistas o moderadas, probablemente no causaría tanto estupor la acomodaticia postura adoptada esta vez respecto de los riesgos de los niveles proyectados de endeudamiento. 

Este súbito cambio en el estado de ánimo de estos técnicos es difícil de comprender; ya sea que se trate de un trastorno de personalidad dividida, distintos patrones de percepción y comportamiento en relación a un mismo tema, o de una momentánea “desviación keynesiana”, el hecho es que ni siquiera los más fervientes defensores del activismo fiscal en el país están de acuerdo con los niveles de endeudamiento que se están alcanzando. Pareciera que el COVID-19 afectó las  defensas del banco central frente a las malas decisiones de política económica: ahora resulta que el proyecto de presupuesto para 2021, con un déficit fiscal de alrededor de 4 por ciento del PIB, sumado a un déficit fiscal cercano al 5 por ciento en 2020, no implica ningún riesgo macroeconómico. El nivel de endeudamiento necesario para financiar tales desequilibrios hubiera merecido que la nomenklatura técnica del banco central se rasgara las vestiduras, así como acostumbran a hacer cuando alguien insinúa que rebajar  la tasa líder de interés o relajar la meta de inflación podrían estimular la economía. Lo único cierto es que la decisión tomada por la Junta Monetaria, con el silencio cómplice de la cúpula que dirige al banco central, inevitablemente pasará factura a la credibilidad del banco central. Como bien decía K. Blessing, presidente del banco central alemán de 1958 a 1969, “un banco central que nunca pelea, que en tiempos de tensión económica no levanta su voz… es un banco central de poco fiar”.

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Author: Maria Suarez