El aborto como negocio

El niño o niña está por nacer. En la clínica u hospital, al sacar el ser humano la cabeza del vientre materno el personal médico le mete un punzón arriba de la nuca (que al niño o niña le causa dolor) para dar paso a un aparato que le succiona toda la masa encefálica. Una vez asesinado, los médicos extraen el cuerpo muerto del bebé. Las enfermeras recogen rápidamente la placenta que tiene buen mercado en el mundo de los cosméticos. Los padres del niño o niña asesinado pueden vender los órganos, si hubiera algún interesado. El resto va al bote de basura. Este procedimiento, denominado aborto por nacimiento parcial, es legal en algunas partes del mundo. Un procedimiento similar, se practica después del quinto o sexto mes de embarazo. 

En este artículo me ocuparé del aborto desde el punto de vista científico, legal, de derechos humanos, como negocio omitiendo toda consideración religiosa. Hablaré desde un punto de vista laico. Sobre todo, me dirigiré a todos los hombres y mujeres que tienen sentido común. Ellos y ellas estarán de acuerdo conmigo que lo que describí al comienzo es una salvajada que, de verdad, no tiene nombre. Es tanto como si los padres contrataran a un sicario para que mate a su hijo, con autorización para que el cuerpo del bebé muerto lo tire luego libremente a la basura, salvo lo que pueda comercializarse. Ni siquiera le dan una honorable sepultura. Si no lo detenemos, es previsible que, en algunos años, las cada vez más permisivas leyes de muchísimos países, permitan el aborto por nacimiento parcial, bajo el causal de angustia psicosocial. En este tema, la legislación en países industrializados y aun del tercer mundo tiende a ser cada vez más laxa. Cada vez son menores las restricciones abortivas. ¡Cada vez el ser humano del Siglo XXI es menos, aunque tenga más!

Desde el punto de vista científico, la unión del espermatozoide con el óvulo forma un nuevo ser. Tras la fusión de las informaciones genéticas aportadas por ambos (el espermatozoide y el óvulo) empieza la proliferación celular, lo que científicamente indica que hay vida. Estudios realizados con microscopio han comprobado que en los primeros días de la nueva vida ya hay 32 células nuevas. En pocas semanas, cada célula madre especializada empieza a tomar su lugar, a dar vida a nuevos tejidos, hasta completar el desarrollo de los órganos vitales como el corazón y el cerebro. Cada día el nuevo ser cambia, se multiplica, se transforma, crece y se desarrolla. Es un ser distinto a la madre, con órganos propios en desarrollo y un ADN diferente al materno. Científicamente no se puede negar que hay vida desde el inicio. 

Ciertamente, la mujer tiene derecho de hacer con su cuerpo lo que quiera. Nadie lo niega. Puede comer sano o engordar con comida chatarra. Tomar o no medicinas que le hayan sido prescritas. Puede embarazarse o no. Hasta puede suicidarse. Ahora bien, cuando como fruto de la relación sexual hay un nuevo ser en su vientre, este tiene derecho a la vida. Un axioma general es que podemos hacer lo que queramos mientras que no afectemos los derechos de otros. Por consiguiente, el derecho de la mujer a su cuerpo termina cuando afecta derechos de terceros. Reitero que, de ninguna manera, estamos ya hablando del cuerpo de la madre sino de uno o eventualmente varios nuevos seres en el vientre materno, que deben ser protegidos, máxime por su fragilidad. Esto no es religión, sino ciencia, derechos humanos, sentido común y conciencia humanitaria, como es proteger derechos humanos de los más débiles.

El pasado mes de octubre, 32 países firmaron la ‘Geneva Consensus Declaration’ la cual rechaza el “derecho humano al aborto”. En realidad, el derecho no es el de asesinar al no nacido, sino el de proteger su vida, mientras indefenso esté en el seno de la madre. El derecho es la vida, no al asesinato por desmembración o por succión de la masa encefálica, practicado con alevosía y ventaja en hospitales y clínicas abortistas aprovechando que el niño o la niña no puede defenderse. 

En nuestro caso, con sentido humanista, la Constitución Política estableció que “El Estado garantiza y protege la vida humana desde su concepción, así como la integridad y seguridad de la persona”. Defender este derecho humano es una obligación que debe cumplir el Procurador de los Derechos Humanos. En este sentido, este Magistrado de Conciencia no puede ser selectivo en los derechos humanos que esté presto a exigir que se cumplan. Debe defender a todos y cada uno de ellos. 

Se estima que en el mundo diariamente se producen 200 mil abortos inducidos. Si cada uno de ellos costara en promedio mil quetzales (cifra muy conservadora), el negocio del aborto sería de 200 millones de quetzales al día, equivalente a 138 mil 888 quetzales cada minuto. El aborto como negocio rampante es un asunto que debe incluirse en cualquier análisis sobre el presente y futuro del tema, porque es parte consustancial al mismo. El asunto tiene muchas facetas y todas deben ser estudiadas y tratadas con cuidado, respeto, en busca de una verdad, que para muchos resulta incómoda. [email protected]

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Author: Maria Suarez