El papa Francisco ha promulgado recientemente la encíclica ‘Fratelli Tutti’, o ‘Hermanos todos’, (San Francisco en Asís, Italia) ante un estado de desacuerdos y confrontaciones a nivel global. Una humanidad polarizada, por lo que puede decirse que esta carta solemne no es solo para los católicos, dice Francisco, sino para todas las personas de “buena voluntad”. Trata el papa de indicarnos: Para salvarnos debemos vernos como hermanos, en una sociedad fraterna. De los extractos leídos, puede decirse que es una encíclica más política que religiosa. Monseñor Doménico Pompili, obispo de Rieti y director de la Comisión Episcopal Italiana para la Cultura y la Comunicación Social, dijo. “Una de sus críticas más claras es contra la política como una especie de marketing con objetivos miopes. Debe tener como objetivo metas a mediano y largo plazo, la política como visión”. Se hace necesario revisar el pensamiento del papa en estos tiempos de pandemia, donde se puede apreciar a líderes que están utilizando “estrategias de burla” y “críticas implacables”, difundiendo la desesperación como una forma de “dominar y ganar control”. Es una postura papal contra el tribalismo, la xenofobia y los peligros de la era de las redes sociales al citar: “A pesar de nuestra hiperconectividad, fuimos testigos de una fragmentación que hizo más difícil resolver los problemas que nos afectan a todos”.
Considera el papa que hay “enormes intereses económicos” operando en el mundo digital, capaces de manipular y subvertir “los procesos democráticos”. Se refiere a las diversas plataformas que vienen a constituir una especie de circuitos cerrados que nos tienen atados de pies y manos con noticias falsas.
Lo que más interesa de la Encíclica, quizá sean algunas recetas que el papa motiva a tener en cuenta: políticas de gobierno que tomen en consideración temas de migración, lo empresarial, las personas que nacen sin privilegios, –los pobres y los discapacitados– por lo que se necesita de “Estados proactivos”. Critica el consumismo, el individualismo vacío y el libre mercado. “El mercado solo no resuelve todo” afirmó. Incluso el derecho a la propiedad privada, dice, debería ser secundario al bien común y es que la pandemia ha obligado a todo el mundo a reflexionar en direcciones diferentes. Andrea Tornielli en el ‘Vatican News’ escribió: “La Tercera Guerra Mundial en pedazos ya ha comenzado, la lógica del mercado basada en el beneficio parece estar ganando a la buena política, la cultura del despilfarro parece prevalecer, el grito de la gente hambrienta es inaudito,…”. En esta encíclica, el papa Francisco nos invita a poner los pies sobre la tierra y hace un llamado a la coherencia en el comportamiento humano, donde podemos guiarnos con grandes ideales pero en caminos concretos que nos conduzcan a reconstruir un mundo fraterno y justo. Es aquí donde podría decirse que la ciencia debe estar al servicio de la sociedad, al crearse la vacuna contra el COVID-19.
Monseñor Kevin Irwin, profesor de investigación de la Universidad Católica de América en Washington, quien escribió una introducción a la edición en inglés de la Encíclica manifestó: “Creo que este Papa es un tipo de gran panorama y quiere asegurarse de que se perciba que es la Iglesia Católica en su mejor momento, que es acogedora”.
Agrada que el papa Francisco, aborde temas como nacionalismos basados en el populismo. Es seductor el llamado a evitar el consumismo, que se está observando en países como el nuestro. Asimismo, el papa dice que los migrantes tienen la misma dignidad de cualquier persona. El papa considera que al mercado no hay que verlo como un dogma de fe neoliberal. En los resúmenes que se han leído, se encuentra que el papa considera necesaria una reforma de la Organización de las Naciones Unidas, y que se propicie un diálogo entre las distintas religiones, al mejor estilo del evangelio del siglo XXI de la doctrina social de la Iglesia. Quizá el gran mensaje gire en torno a una gran fraternidad humana: El prójimo. Tarea harto difícil, pues los intereses individuales prevalecen sobre los de la humanidad, como una familia ampliada, que evoquen la libertad, solidaridad y fraternidad al mejor estilo de la Revolución Francesa. El amor debe estar sobre toda ideología o disputa dialéctica de la violencia, dice.
El papa sueña con una iglesia abierta, sueña con una humanidad abierta. Una humanidad samaritana queriéndonos poner frente a todos la parábola del buen samaritano. Nos invita a reflexionar sobre lo que ha pasado en los primeros veinte años de este siglo y lo que se puede venir en el futuro. De ahí el título de la Encíclica: ‘Fratelli Tutti’, dedicada a un mundo que no debe retroceder y sin fronteras impuestas por el odio y la guerra, que esté unido por el amor fraterno, ante las sombras de un mundo cerrado, con sueños que se rompen en pedazos. El papa pide: “Abrirnos al mundo” buscando un progreso con rumbo en donde la ciencia, tecnología, medicina e industria giren alrededor del bienestar y solicita el diálogo interreligioso. “El mercado solo no resuelve todo” afirmó. (Capítulo primero)
* Profesor universitario