El “Pacto de Corruptos” no es un invento, una leyenda urbana o una consigna de la Plaza. Es la evolución del sistema que pavimentó el camino para los que del Estado hicieron fortuna. Ha sido un pacto entre quienes tienen el poder, sus operadores y los que se benefician del mismo. Así se repartieron tierras, se materializaron monopolios y se forjaron leyes en favor de los intereses de los que invirtieron en la cosa pública, para consolidar imperios económicos personales. En sus orígenes, los acuerdos suponían ser catalizadores del desarrollo, como sucedió con los empresarios de países hoy desarrollados. En Guatemala, este poder tuvo a su servicio a las fuerzas castrenses, creando una relación en la que uno cuidaba los intereses del otro. “El patrón” se hizo de la vista gorda ante la corrupción que surgió dentro de la institución. Luego, con la Guerra Fría y la lucha contra el comunismo la relación se fortaleció.
Tras décadas de golpes de Estado, en los años ochenta llegamos a la era democrática. En este periodo, el Congreso de la República perdió la vergüenza y el pudor: se convirtió en engranaje indispensable del pacto que sobrevive a través del sistema de partidos políticos que funciona cambiando de camisola, ideología e intereses, al servicio del mejor postor. Prostitutas dispuestas a vender hasta el alma a quien les llegue al precio. Para completar el círculo de la corrupción y la captura del Estado, llega el secuestro del sistema de justicia. Queda entonces la puerta abierta para nuevos integrantes del club: los capitales emergentes que llegaron corregidos y aumentados, llevando la captura del Estado a otro nivel y beneficiándose de tal manera que sus fortunas rivalizan o sobrepasan a las tradicionales. Por último, llega el narcotráfico que encuentra en el Estado de Guatemala las condiciones idóneas para operar y prosperar. Siendo este sector el de mayor poder adquisitivo, coloca al Gobierno a su servicio.
El Estado de Guatemala está cooptado por las mafias. El desgobierno de Jimmy Morales destruyó los pocos avances institucionales de sus antecesores; diezmó la lucha en contra de la corrupción y la impunidad. Acuerpado por líderes de diversos sectores, Morales se convirtió en la marioneta de los que necesitaban evadir investigaciones, persecuciones y condenas. Las mafias se consolidaron y se blindaron. Hoy, la tolerancia, la indiferencia y la complicidad nos ponen en riesgo a todos.
La mayoría de guatemaltecos están dispuestos a luchar por el país. El poderoso vecino del norte empieza a dar señales, manda mensajes que nos dan idea de cuál será su postura. Ahora, lo que me corresponde y desde donde puedo y debo opinar. ¿Cómo podemos dormir tranquilos los que pertenecemos al sector privado organizado, al quedarnos impávidos y convivir con la corrupción y la impunidad? ¿Y si nos sumamos al clamor popular y nos distanciamos de las mafias y nos ponemos del lado correcto de la historia? Seríamos la bisagra que facilite a la ciudadanía recuperar el país. Esa ciudadanía, compuesta por nuestros colaboradores y nuestros compatriotas, es nuestro mercado; sumémonos a su lucha, que también debiese ser la nuestra.