La idea de la Democracia es romper con estructuras de poder concentrado explícita o implícitamente. Ante los privilegios y el monopolio político de pseudo monarcas y dictadores, un gobierno donde la ciudadanía discute e influye en las decisiones de la cosa pública es un ideal aún hoy revolucionario. El pensamiento liberal se asienta en ese ideal. La Democracia, por lo tanto, nace con el objetivo de romper con el poder autócrata tanto de una Monarquía como del poder autoritario de pocos, como una Oligarquía.
La Democracia supone diluir esa concentración de poder y permitirle a la ciudadanía ejercer su voz y trasladar su soberanía a las autoridades legítima y temporalmente electas en instituciones que tienen la autoridad, la capacidad y el financiamiento para implementar esas ideas en políticas públicas.
Cuando una Democracia en lo formal responde a intereses de un grupo o sector que concentra poder, por definición, ya no es Democracia; es una ilusión que solo replica su antípoda. Es un sistema que le sirve al poder coludido en detrimento del bienestar de las mayorías cuyo poder se diluye al competir individualmente y presentar desunión política.
¿Cómo construir un prospecto de Nación que rompa con esa democracia de papel e ilusoria, disfuncional, que vive capturada y se mantiene financiada, controlada y articulada por esa oligarquía de facto?
Tal vez la visión de lo que apelmaza y nos une a las mayorías son los ideales de LIBERTAD, de DEMOCRACIA, de JUSTICIA y de EQUIDAD. Sin embargo, aún dentro de ese común denominador hay puntos de divergencia estructurales, como la agenda extractivista de inversiones extranjeras frente a una agenda de desarrollo sostenible que proteja la biodiversidad de la región. Otro es la idea de una visión urbana y ladina de desarrollo versus la discriminación consecuente que enfrentan comunidades indígenas y la amenaza a su bienestar integral. el rol del Estado en ambas realidades es crítica y no trivial.
La democracia aglutina ideales de derecha y de izquierda. La justicia trasciende ideologías de izquierda y derecha y los problemas consecuentes de la concentración de poder y de riqueza no son exclusivos en ese espectro. El discurso polarizador impide consolidar ese conglomerado de demócratas, tanto de izquierda y derecha que buscamos construir mejores realidades. La corrupción es en sí, una ideología, como el populismo que captura el discurso y mueve narrativas ingenuas, falaces y absurdas. El proyecto por construir es de unidad, de Justicia, de Democracia y Equidad. El enemigo es claro: la corrupción y la impunidad que aglutina a personas corruptas (de derechas e izquierdas) que se benefician de ese Estado corrupto e impune.
Así las cosas, si el 2020 fue un año de protestas y catarsis, el 2021 es el camino para la articulación y la definición de ese proyecto de Nación que debemos plasmar orgánicamente con valores de democracia, de justicia, de equidad y de libertad. El proyecto debe responder a una visión del Estado que queremos. Y ese proyecto es el que toca plasmar. ¿Cómo construirlo pluralmente? ¿Cuáles son los denominadores comunes en los que la ciudadanía en general, de derechas e izquierdas democráticas y liberales? He allí las preguntas para el siguiente paso, más allá de las Plazas.