El pisto

Allá por el siglo VIII antes de Cristo, aparece ya el dinero como tal, siendo la primera moneda el denario (de ahí el nombre dinero), antes de eso se usó diversas formas de pago, luego se empezó a usar el oro y la plata como una forma de pago, se usaban balanzas para pesar la cantidad a pagar por algo que se adquiría, hasta que aparecen las monedas y luego los billetes como moneda, dando así estabilidad a las transacciones. 

A partir de allí empezó a ser una gran obsesión por amasar fortunas y empezó así de alguna manera las formas ya no tan lícitas de hacerse de pisto en grandes cantidades como hasta ahora. En el mundo, y particularmente en América Latina, ha sido un gran problema con el manejo del dinero público, es decir el pisto del pueblo, al que los políticos lo han venido haciendo con muy poca o ninguna honestidad hasta llegar a la situación que estamos viviendo en este país, en el que estamos viviendo un horroroso saqueo del dinero público, sin ningún miedo y hasta sin pensar que no les alcanzarían dos o tres vidas para gastarse lo robado, a estos delincuentes desgraciados no les importa que por cada quetzal que roban hay niños y niñas que sufren desnutrición por falta de tortillas y frijoles, mientras ellos se sientan a la mesa con la familia, a degustar langostinos y buenos vinos. 

Han ido perfeccionando el sistema para garantizar impunidad a sus deleznables actos, copando los sistemas de justicia, comprando jueces, fiscales y magistrados, para tener la protección necesaria, pudriendo así todos los andamiajes de justicia. 

Estos hijos de las señoras aquellas (eufemismo), solo los vamos a sacar, cuando tengamos la determinación de que se vayan y algo importante para lograrlo es no quitar la mirada sobre estos especímenes. Que si los vemos por la calle se los gritemos, les digamos que son unos ¡desgraciados criminales!, pero tenemos que ser inteligentes e insistentes en tanto se logra una verdadera y linda limpieza de las cloacas de la sexta calle y de la novena avenida, así que con las mascarillas bien puestas, pero con la firme convicción de ¡que se puede hacer!

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Author: Maria Suarez