Generalmente se pasa por alto que, junto con la reconocida estabilidad macroeconómica del país, la escasa capacidad de creación nuevos empleos formales es una de las características más sobresalientes de la economía guatemalteca de las últimas tres décadas. La pérdida acumulada de empleos formales, de trabajadores cotizantes al seguro social, durante este año alcanza dimensiones preocupantes desde cualquier punto de vista. Para principiar, por más que la vacuna se haya empezado ya administrar en varios países del hemisferio, todo apunta a que la Covid-19 seguirá haciendo de las suyas durante el próximo año, dificultando así un regreso rápido y expedito a la normalidad como la conocíamos hasta hace un año. Situación que seguirá pasando una importante factura a los sectores económicos que resultaron más golpeados por las medidas adoptadas para combatir los contagios y de los cambios de hábitos en los consumidores. Por otro lado, aunque la recuperación económica en los países desarrollados marchara viento en popa, cuestión que está por verse dados los estragos que está causando la segunda y tercera ola de contagios en varios de estos países, todo indica que sus economías no se estarían “normalizando” sino hasta avanzando el 2021. Siendo este el caso, parece que el 2021 seguirá siendo un año complicado para las actividades exportadoras del país y para el turismo.
Con el objetivo de proteger los empleos formales de las actividades que medianamente han logrado adoptarse las consecuencias de las pandemia, así como para evitar que se destruya todavía más empleo en sectores que se encuentran luchando por su sobrevivencia, es preciso reconocer que el país atraviesa por una profunda crisis y que este no es el momento para aumentar los salarios mínimos por decreto. Es momento para ser pragmáticos y reconocer que aumentar el salario mínimo en las condiciones actuales puede representar el tiro de gracia para muchas actividades económicas que han logrado preservar, contra viento y marea, niveles mínimos de empleo mientras luchan por ajustarse a las nuevas condiciones. El 2021 no parece ser un año particularmente prometedor en lo que a generación de nuevo empleo formal se refiere; aumentar el salario mínimo por decreto haría todavía más difícil la tan ansiada recuperación que tanto necesita nuestro país. La pérdida acumulada de empleos formales durante 2020, posiblemente, constituye la consecuencia más preocupante de la pandemia en materia económica. No hay necesidad de complicar más esta precaria situación que afecta ya a cientos de miles de guatemaltecos.