La celebración de la venida de quien, por amor, dio su vida para todos los seres humanos, y nos ha amado a todos, aunque nos cueste creerlo, no importando si somos buenos o malos, se celebra cada vez que la tierra da una vuelta al Sol.
Llegan a nuestra memoria recuerdos de nuestra infancia, con situaciones que aún se conservan y otras que han variado en el transcurso del tiempo. También recordamos a personas que ya no están y nos acompañaron en las navidades, entre ellos los queridos familiares y los amigos, adquiridos en nuestro diario vivir, en los estudios, trabajos, deportes y cuanta actividad hayamos desarrollado en nuestra vida.
Cuando era niño causaba gran emoción la preparación de la celebración anual, primero con la compra del árbol navideño y su arreglo, parecido a como se hace actualmente y luego se iniciaba el montaje del nacimiento. Recuerdo acompañar a mis padres a varios lugares, como las ventas al final de la sexta avenida de la zona uno, donde se ponían carpas en las cuales se podía comprar animalitos, árboles, casitas, materiales para servir de base a las montañas, los ríos, lagos, caseríos y caminos. También era costumbre ir a ver nacimientos a otras casas y visitar en varias iglesias los más famosos. Se aprovechaban esos días para ir a escoger los regalos que se pedirían en una carta a Santa Claus, visitando los almacenes ubicados de la 5ª a la 18 calle y de 4ª a la 12 avenida, ya que no existían Centros Comerciales.
La construcción del nacimiento se iniciaba construyendo una estructura con parales, que tenía una lona en el techo, que al pintarla simulaba un cielo con nubes; en la base se construía una pequeña tarima, la cual se forraba con papel grueso y cuando estaba listo con la forma del paisaje, se cubría con la mezcla de almidón de yuca y aserrín de colores, para crear la imagen del paisaje o lugar que se quisiera mostrar. Una vez terminado el ambiente, se iniciaba la colocación de los elementos que completaban el nacimiento, poniendo las figuras de personas, animales, árboles o cualquier objeto que se quisiera agregar.
De alguna manera todos participábamos, el niño Dios estaba tapado, poniéndose al descubierto a media noche del día veinticuatro de diciembre, en que todos los miembros de la casa se ponían a orar. Sin embargo, había que tener cuidado, porque podía suceder que, alguno de los invitados se llevara al niño; para que lo devolvieran, tenía que celebrarse una fiesta.
Siendo niños, al despertar el día 25, corríamos con emoción a ver los regalos que habían llegado, los cuales se encontraban bajo el árbol. Recuerdo que recibí varios años un carrito de pedales, hasta que se percataron que ya estaba en edad de ver que, era el mismo auto pintado de otro color. En esa época las niñeras comentaban los niños: si se portan mal, recibirán bolsas de carbón.
Al pasar los años y entrar en la dichosa edad de la juventud, se realizaba durante ocho días la celebración de las posadas, generalmente por jóvenes que hacían un recorrido en automóvil sonando bocinas por varias calles de la ciudad, hasta llegar a la casa elegida, que se preparaba para celebrar la llegada de San José y la Virgen. Se cantaba al arribo de la pareja a la casa y posteriormente se tenía una fiesta bailable hasta la madrugada. Al igual que ahora, en el noveno día las imágenes estaban con sus dueños y la familia celebraba a media noche el nacimiento.
Las costumbres navideñas han cambiado, pero el amor a Cristo se mantiene.