La tragedia de Venezuela crece día a día. El tiempo se ha convertido en regenerador de una crisis que tiene dimensiones inimaginables para cualquier país del mundo. La hambruna que obliga a madres llevarse sus muchachitos a bordo de un peñero a riesgo de naufragar, como viene sucediendo en estos últimos años en que han perdido la vida muchos venezolanos cuando su viaje a un mundo diferente termina ahogado en las aguas del mar caribe. Cada vez que veo esas imágenes no puedo dejar de llorar como madre y como abuela, pensando en esas criaturas que han podido ser mis hijos o mis nietos. ¡Que dolor tan grande sentimos!