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Edición en español Jueves 22 de octubre de 2026

Nueva agenda contra el narcotráfico

Los analistas norteamericanos tardaron 49 años, para confirmar que las políticas antidrogas han fracasado y continuarán naufragando, a menos que, las autoridades norteamericanas acepten retomar los compromisos de la alicaída Iniciativa de Mérida (2007), en la que el gobierno norteamericano asumió el compromiso de intensificar: ‘“sus esfuerzos para enfrentar todos los aspectos relacionados con el tráfico de drogas (incluyendo demanda de drogas) y continuará combatiendo el tráfico de armas y dinero en efectivo hacia México”’(Tomado de la  ‘Gaceta 28/abril/2008’. Gaceta: ‘LX/2SPO-237/16100’). Así, se colige de lo expresado por el senador Eliot Engel: ‘“Estados Unidos continúa luchando con la devastación de las sobredosis de drogas que ha llegado a nuestras comunidades”’ (‘P.L.’). Evitando mencionar la inefectividad del control de lavado de dinero y venta de armas. 

El informe reconoce que “el proceso de certificación es inefectivo” Porque… ‘“ofende a los aliados y no hace mucho por disuadir prácticas corruptas en países no amigables’. Asimismo, hace referencia a la región, pero particulariza el supuesto éxito del Plan Colombia (2000 y 2016), ahora sustituido por la iniciativa “Colombia crece”, el respaldo a la reforma del sistema judicial en México y los insustanciales resultados de el Salvador, Guatemala y Honduras, en programas de reforma policial, esfuerzos contra la corrupción y prevención de la violencia. 

Lo relevante del documento es la recomendación, en cuanto a que el ‘“Departamento de Estado lidere políticas interinstitucionales con “rigor científico”’. Para cumplirla, se debe iniciar con reasumir los compromisos de la Iniciativa de Mérida, tratar de forma particular a cada uno de los copartícipes, iniciando con Colombia –sin dejar por fuera a Ecuador y Perú–, México, el triángulo norte y Belice.

Para lograr articular una estrategia integradora, es necesario conformar una comisión o un ‘staff’ con representantes de alto nivel de los países citados, que permanezcan en la sede del Comando Sur o de alguno de los países involucrados, rotados por los menos cada dos años, para vigilar y comprender la dinámica de la movilización de droga por vía aérea y marítima.

Lo anterior produciría inteligencia estratégica, para atender las causas e inteligencia operativa, para contrarrestar la producción e interceptar la droga. Cualquier estrategia diseñada desde EE. UU., sin el aporte de los copartícipes fracasará de nuevo.

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